El día del Indigenismo Americano, consagrado a partir del 19 de abril de 1940, es una ocasión ineludible para reflexionar sobre la situación actual de estos pueblos, así como también para pensar en el aporte de los mismos en relación a la temática de la identidad latinoamericana. Por tanto, la conmemoración que hoy se realiza aquí en Ecuador, es altamente relevante, pues deja de manifiesto diversas situaciones que debemos sopesar y que nos deben llamar la atención. En primer lugar -al menos para este servidor- le ha impactado notoriamente que sean los periodistas, comunicadores, redactores, editores y/o locutores; quienes están a la cresta de la ola en esta celebración.
Ello es muy curioso, pues históricamente todos estos pueblos nativos ancestrales, en el secular proceso de confrontación y encuentro con el mundo hispano, fueron perdiendo sus pretéritos mecanismos de comunicación principalmente físicos y vivenciales, por el avance de la escritura estimulados primero por los religiosos que luego de la conquista hispana, y en especial durante los siglos XVII y XVIII guiados por los jesuitas, entregaron estas luces elementales a los indígenas para la comunicación entre estos dos mundos: el universo español y el multifacético y diverso mundo americano. Pero no sólo le entregaron las letras estos jesuitas exploradores, también fueron capaces de reconocer la condición humana, sus valores, costumbres, tradiciones y lengua de los pueblos del Nuevo Mundo, no como inferiores, sino sólo distintos a los europeos.
Así por ejemplo ya en el siglo XVII, el padre Antonio Ruíz de Montoya unió su labor misional con el estudio de la topografía, de los ríos, de la flora y fauna de los lugares que le tocó visitar en su tiempo, que hoy corresponden a regiones de Perú, Argentina, Brasil y Paraguay. Ello le permitió conocer las injusticias a que eran sometidos los nativos y desde entonces se dedicó a instruir a los nativos en la lengua española y a estudiar su lengua, sus dialectos, costumbres y formas de vida, en sus obras tales como: el Arte de la lengua guaraní o el Tesoro de la Lengua Guaraní, entre otras. En ellas, da cuenta de lo peculiar americano, de los referentes vernáculos, de las características de la naturaleza americana y de la forma y utilidad que obtenían de ellas estos pueblos guaraníes; pero al mismo tiempo da cuenta de expresiones de la espiritualidad de los nativos. Por ello -a nuestro juicio- por dar a conocer tantos aspectos de las lenguas, de la topografía, de la naturaleza en que habitan los nativos, es uno de los primeros indigenistas.
Lo propio podemos observar aquí, en Ecuador por ejemplo, el padre jesuita Juan de Velasco en el siglo XVIII entregó la lengua escrita hispana y recibió conocimientos de la cultura de estos pueblos, lo que le permitió dar a conocer al mundo europeo, la historia natural, los ríos, los volcanes y el clima de este rincón del mundo; pero además destacó especímenes de la flora y fauna de lo que hoy es Ecuador. Empero, lo más importante es que nos ha legado descripciones acerca de la interacción respetuosa de los indígenas con la naturaleza, y en especial las expresiones de la espiritualidad de estos pueblos. Ello principalmente en su texto Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Por tanto, desde nuestra perspectiva es otro adelantado indigenista.
Luego, desde las primeras décadas del Siglo decimonono, y ya en el marco de las emergentes jóvenes repúblicas, es la nueva clase política la que se preocupa de difundir las leyes, los códigos y la instrucción pública elemental con la creación de escuelas de primeras letras. En el Chile republicano por ejemplo, se funda el periódico El Araucano en 1830, que actuaba como Diario Oficial dirigido por Andrés Bello, quien principia a difundir las leyes, decretos, normas y breves notas científicas para los escasos lectores, todo lo cual va dejando atrás la oralidad como fuente de conocimiento y se asienta la escritura como mecanismo de unidad. En Ecuador a su vez, en 1895 el diario oficial es el denominado Registro Oficial creado en 1895 por el presidente Eloy Alfaro. Por ello, es significativo que sean los periodistas quienes rescaten la voz y la cultura de los distintos pueblos ancestrales; es como una especie de reivindicación con los nativos, pues en el siglo XIX de las independencias americanas, los pueblos dispersos no tenían los medios de expresión como ahora y la escritura unificaba y estandarizaba, perdiendo parte de su cultura.
Por otro lado, habíamos adelantado que esta celebración es también una instancia de acercamiento a la tarea filosófica y cultural asociada a la búsqueda de “la identidad latinoamericana”. En efecto, si nos adentramos en la menguada bibliografía filosófica que desde América se ha escrito sobre este tópico, podemos apreciar que algunos escasos pensadores han incluido a los pueblos indígenas, sus costumbres, sus valores, y en general su cultura; como puntos de apoyo para armar ese difícil y quimérico ente eidético como parte del núcleo de esta voz compuesta: identidad latinoamericana. Así por ejemplo, el uruguayo Juan Enrique Rodó (1871-1917), en sus revistas y en sus textos: Ariel, Proteo y otros, nos ha legado en su visión de los pueblos de América, la conveniencia de desmitificar la religión, respetar nuestra cultura y nuestras expresiones artísticas, dejar atrás el colonialismo y el anhelo de alcanzar una espiritualidad unitaria de América toda.
Más recientemente a su vez, el mexicano Leopoldo Zea Aguilar (1912-2004), uno de los pilares de la filosofía latinoamericana, cuya obra cubre la filosofía y la academia de acción. Entre sus trabajos filosóficos recordemos El Positivismo en México (1943), La Filosofía Americana como filosofía sin más (1969); en estos textos en otros, nos ha dejado de manifiesto un claro horizonte intelectual que sugiere promover la integración cultural latinoamericana, considerando la diversidad étnica, las creencias de nuestros pueblos y articular la historia de las ideas en América para comprendernos más a nosotros mismos, a nosotros latinoamericanos todos.
En rigor, el indigenismo está fuertemente eclosionando en las reflexiones filosóficas, como ya hemos ilustrado; pero no se agota allí; en efecto en nuestra contemporaneidad, diversas expresiones literarias y artísticas interesadas por el tema de la identidad Latinoamérica, buscan también en nuestros pueblos aborígenes, modelos, categorías, costumbres, imaginarios y formas de interacción con la naturaleza que los rodea y que va mermándose por la violenta expoliación de los recursos naturales. V. gr. los murales mexicanos de Diego de Ribera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros entre otros, que aluden a la revolución incluyen claramente a los indígenas entre fusiles, caballería y locomotoras, y expresan también el dolor y la religiosidad del pueblo mexicano.
También desde la joven disciplina de la historia de la ciencia, que da cuenta de la marcha de la ciencia y de sus vicisitudes con la gobernanza y el medio social de los distintos períodos que va estudiando, han comenzado a aparecer trabajos, enfoques y textos que tratan al mismo tiempo de describir los avances cognitivos, mostrar también como los nativos son considerados en el conocimiento de los referentes bióticos de su entorno. Esto es relevante, pues alude a un esfuerzo para dejar atrás las categorías europeizantes para explicitar el avance de la ciencia en nuestros pueblos latinoamericanos. Dicho enfoque historiográfico permite traer de manifiesto o cautelar la memoria colectiva de los pueblos, con la mentalidad de su tiempo, de su cultura y de su idiosincrasia. Esto es, que la historia de las ciencias también contribuye al ideario de difundir el espíritu de una época, a traer a presencia nuevamente ese universo de valores imperantes de aquellos nativos existentes en cada hito histórico. Ello queda de manifiesto, por ejemplo cuando el historiador de la ciencia se pregunta ¿de qué manera el médico y astrónomo Hipólito Unanue, refleja las inquietudes de la ciencia ilustrada en el Perú virreynal y como se considera el conocimiento de los aborígenes en estas actividades?; o ¿Cómo es que Mateo Paz Soldan con sus estudios sobre la geografía de la República del Perú, intenta conciliar los requerimientos pragmáticos de los gobernantes de mediados del siglo XIX, con la necesidad de difundir las nociones de geografía, estadística y economía en el sistema educacional peruano de la época y cómo son captadas en el sistema por los jóvenes nativos?. O bien, cuando intentamos dilucidar ¿cómo Humboldt durante su estadía en la actual Venezuela describe románticamente como se insertan los nativos con la flora y fauna regional y que procedimientos medicamentosos empleaban para tal o cual dolencia ?, o cuando pensamos ¿cómo Claudio Gay –a mediados del decimonono- logra conciliar la exigencia de los pasos taxonómicos de sus descripciones sobre observables florísticos o especímenes de la fauna chilensis pero, al mismo tiempo, discretamente da cuenta del uso y beneficios de los mismos para los nativos?, tal como se observa por ejemplo en sus obras de zoología y botánica de su Historia Física y Política de Chile? Y así sucesivamente con otros científicos que recorrieron América.
Lo anterior, deja de manifiesto una nueva forma de trabajo historiográfico que puede contribuir notoriamente a rescatar el imaginario de los pueblos originarios de América, y contribuir así como un complemento a los estudios indigenistas actuales.
Agradezco enormemente a los colegas del Colegio de Periodistas del Ecuador, a su Presidente el Sr. Richard Sellán, a la Mg. Srta. Mariana Alvarado y al Sr. Lucin Tirzon, quienes me han honrado invitándome a este evento, ya todas las personas que contribuyeron para que este investigador pueda tener el placer de compartir nuevamente con tan destacados profesionales pues hace unos años tuve también la oportunidad de estar en esta ciudad y conocer vuestra hospitalidad. Un abrazo.
Guayaquil, Ecuador, abril de 2026.
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