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ACLARACIÓN GLOBAL: Caso Pallywood en Medio Oriente

rob.png?profile=originalSANTIAGO CHILE.– Ante las graves imprecisiones, datos hiperbolizados y afirmaciones falsas que circulan en plataformas colaborativas de internet —particularmente en el artículo "Pallywood" de la enciclopedia Wikipedia en español y en directorios web automatizados—, el periodista Roberto González Short, en su calidad de director general de Prensamérica Internacional©, emite de forma tajante la siguiente aclaración pública y rectificación de hechos:

Inexistencia de vínculo con la agencia AFP y cobertura en Palestina: Se aclara de manera definitiva que el suscrito nunca ha pertenecido, trabajado ni sido corresponsal de guerra destacado para la Agence France-Presse (AFP) en la Franja de Gaza ni en ningún otro territorio de Oriente Medio, en el año 2003 ni en ninguna otra fecha. El suscrito jamás ha estado físicamente en Palestina ni ha realizado coberturas en dicha zona de conflicto.

Único acercamiento histórico con AFP: La única relación real con dicha agencia internacional se limitó a un acercamiento estrictamente profesional y de propuesta laboral ocurrido en septiembre de 1994 en San José de Costa Rica, oferta de trabajo que el suscrito no aceptó. Cualquier otra narrativa que vincule al suscrito con contratos o asignaciones internacionales para dicha firma en los años posteriores es completamente falsa.

Falsedad de coproducción en el documental Pallywood (2005): Al no haber estado jamás en el lugar de los hechos ni haber recopilado imágenes en la zona, es una falsedad absoluta que el suscrito o la agencia Prensamérica Internacional© hayan participado como "coproductores" o proveedores de material para la obra del historiador Richard Landes. Ni Prensamérica Internacional© existía con su estructura jurídica actual en 2003, ni ha existido jamás relación alguna con los autores de dicho documental de propaganda.

Roberto González Short Director General de Prensamérica Internacional© / prensamerica@pm.me

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31169458873?profile=RESIZE_710xSan José, Costa Rica¿Será posible reactivar la capacidad de autocuración que todos tenemos dentro? ¿Qué papel juega la energía, el poder de la palabra e intención en nuestra salud y bienestar?
Estas serán las preguntas centrales del Primer “Encuentro ReCordis”, un espacio íntimo y transformador que el Evocador Dr. HC Javier Malca Salas, ofrecerá el próximo viernes 19 de junio a las 7:00 p.m. en el Centro Cultural Costarricense Norteamericano – The Garden Sabana, Sabana Norte.     

Con 36 años dedicados al servicio de la salud y habiendo impulsado atención médico-odontológica para millones de personas en Costa Rica, Nicaragua, Perú y el sur de México, el Evocador Dr. HC Javier Malcaes fundador de Clínicas sin Fronteras. Hace nueve años, tomar conocimiento sobre las Terapias Bioenergéticas marcó un antes y un después en su visión del ser humano, en su poder natural de sanación y enorme posibilidad de permitir el acceso real a la salud para la mayor cantidad de gente posible.

En el marco de la celebración de los 25 años de operaciones continuas de Clínicas sin Fronteras en Costa Rica, el Evocador Javier Malca compartirá en un formato cercano, y con un lenguaje sin fronteras sus reflexiones más profundas sobre salud, energía y conciencia.

31169450898?profile=RESIZE_710xVOCES OFICIALES
Prensamérica Internacional© habló vía telefónica con Malca, quien comentó que «Este Encuentro nace del deseo de reconectar con nuestra propia capacidad de autocuración y entender el rol fundamental de la energía en nuestro bienestar integral», señaló.
Por su parte Nathalie Ulate Gamboa, de la Productora “Como se llama la obra” y encargada de realizar el evento, comentó que «más que enfocarnos en nosotros como productora, más bien nos gustaría poner el énfasis en Javier y en Clínica Sin Fronteras. Apoyamos su iniciativa de apoyar espacios de desarrollo personal, artístico y creativo, facilitando la conexión con la comunidad y promoviendo tanto el crecimiento de la industria del entretenimiento como el bienestar de las personas. Creemos profundamente en el poder de la palabra, y en que cada persona tiene historias, experiencias y mensajes valiosos que merecen ser escuchados y compartidos. Los esperamos este viernes 19 de junio», indicó la profesional. 

DATOS DEL EVENTO: Fecha: Viernes 19 de junio de 2026. Hora: 7:00 p.m. Lugar: Centro Cultural Costarricense Norteamericano – The Garden Sabana, Sabana Norte. Entrada: Gratuita con cupo muy limitado. Reservaciones: Obligatorias (cupos limitados y agotándose) Producción general: Nathalie Ulate y Sergio Sojo. Productora: Cómo se llama la obra.

Sobre el Dr. HC Javier Malca Salas
Con más de 36 años al servicio de la salud, Javier Malca es fundador de Clínicas sin Fronteras y un apasionado investigador de enfoques integrales de sanación. Su trabajo busca alternativas más humanas, accesibles y transformadoras para las poblaciones más vulnerables, combinando experiencia en atención comunitaria con terapias bioenergéticas.

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31167494285?profile=RESIZE_710xPOR ROBERTO GONZÁLEZ SHORT

REDACCIÓN COSTA RICA.- Nació en 1949, el jueves 4 de agosto, en Sardinal de Carrillo, Guanacaste, en una Costa Rica muy distinta a la actual. Una Costa Rica de caminos de polvo, veranos interminables, campos secos pintados de tonos sepia y familias numerosas donde el trabajo no era una opción, sino una necesidad para salir adelante. Era la Costa Rica que intentaba levantarse después de la guerra civil de 1948, un país que reconstruía su rumbo entre limitaciones, incertidumbres y esperanzas. En ese escenario de humildad y esfuerzo nació Domingo Caravaca Guadamuz.

31167495695?profile=RESIZE_710xSanta Rita de Sardinal, Carrillo, en esta casita, una versión más desprolija, aquí nació Domingo.

Hijo de doña Benigna Guadamuz y don Eulogio Caravaca —don Lolo para quienes lo conocieron—, y de doña Nina en la intimidad amorosa del hogar, fue el tercero de nueve hermanos. Aprendió desde niño lo que significaba compartir, esperar, sacrificarse y avanzar aun cuando el camino parecía cuesta arriba, y aunque nadie le prometió una vida fácil, aunque nadie le aseguró comodidad ni certezas, sí heredó algo más valioso: principios firmes, sensibilidad humana y una voluntad silenciosa que con los años terminaría transformando cientos de vidas.

31167494654?profile=RESIZE_400xEligió ser maestro. No empresario. No político. No hombre de fortuna ni de reflectores.

ESE MAESTRO RURAL

Domingo Caravaca el maestro rural. De esos que sostienen un país entero sin aparecer en las primeras páginas. De esos hombres que no buscan reconocimiento, pero terminan convirtiéndose en parte fundamental de aquello que una nación tiene de más valioso: sus ciudadanos.

Durante quince años ejerció en Valle La Estrella, Puerto Limón, y durante más de veinticinco años lideró generaciones estudiantiles entre Limón y Guanacaste. Lo hizo cuando ser maestro rural significaba mucho más que impartir materias; significaba caminar kilómetros bajo lluvia, embarrialarse entre caminos difíciles, llegar a comunidades alejadas, asumir carencias materiales y comprender que muchas veces la educación era el único puente posible hacia un futuro distinto.

31167497095?profile=RESIZE_710xELLOS SON LOS PADRES DE DOMINGO, DON LOLO Y DOÑA NINA.

Los bananales del Valle La Estrella conocieron sus pasos. Los aguaceros lo acompañaron. Las madrugadas largas lo vieron salir cargando responsabilidad y vocación. También conoció los días duros. Quedó atrapado entre gases lacrimógenos durante las huelgas bananeras que estremecieron la región. Vio tensión social, incertidumbre y dificultades humanas que trascendían los salones de clase. Pero nunca abandonó.

31167495300?profile=RESIZE_710xPorque siempre había niños esperando. Y un verdadero maestro entiende que cuando un niño espera, uno llega.

Dirigió escuelas con firmeza y serenidad. Lideró equipos docentes. Tomó decisiones complejas. Trabajó en centros educativos pequeños, algunos unidocentes, varios sin agua potable, sin comedor estudiantil, con enormes carencias materiales y todavía mayores necesidades humanas. Ahí entendió que educar no era únicamente enseñar a leer o escribir; era acompañar, escuchar, proteger, orientar y permanecer.

Fue maestro. Pero muchas veces también fue padre para quien no lo tenía, tío atento, amigo presente, consejero silencioso y refugio seguro para pequeños que cargaban dolores demasiado grandes para sus pocos años.

Recibió abrazos sinceros. Dibujos hechos con lápices gastados. Sonrisas pequeñas que terminaban convirtiéndose en tesoros imborrables. Y entre tantos recuerdos existe uno que todavía ilumina sus palabras.

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"Recuerdo a una alumna de primer año de primaria. Era muy pequeñita. Todos los días llegaba, me abrazaba y me decía: ‘te quiero mucho’. Aprendí a responder a ese lenguaje del alma y del amor puro de un alumno por su maestro’", me comentó Domingo en una oportunidad.

31167515700?profile=RESIZE_584xTambién tuvo alumnos tremendos, osados, irreverentes, desafiantes. Y aprendió a quererlos igual. Porque comprendió algo que sólo los verdaderos educadores descubren con el tiempo: detrás de cada conducta existe una historia.

Vio niños descalzos. Niños golpeados por circunstancias demasiado grandes para sus edades. Pequeños agredidos por quienes debían protegerlos. Vio niñas embarazadas demasiado temprano. Las vio llorar. Las vio sufrir. Las vio intentar encontrar algo de luz en medio de una infancia injusta.

Y estuvo ahí.

No con discursos vacíos. No desde la distancia. Estuvo con paciencia. Con firmeza. Con humanidad. Con escucha. Con cariño. Con presencia.

Porque enseñar también significa sostener.

Y quizá la frase que mejor resume su vida nació precisamente de esa experiencia.

"¿Maestro yo? No. Ellos fueron mis maestros. Porque de sus travesuras, aciertos y desarrollo infantojuvenil, recibí magistrales lecciones de vida", asegura Caravaca.

Esa humildad explica quién es Domingo Caravaca Guadamuz. Nunca confundió autoridad con arrogancia. Nunca creyó tener todas las respuestas. Nunca dejó de aprender.

31167497499?profile=RESIZE_710xY entonces el tiempo hizo lo suyo. Costa Rica cambió.

Los caminos de barro fueron desapareciendo. Llegaron nuevas carreteras, nuevas tecnologías, nuevos edificios, nuevas generaciones. Pero algo permaneció intacto.

La huella. Porque aquellos niños descalzos crecieron. Aquellos pequeños inquietos crecieron. Aquellas niñas tímidas crecieron y florecieron.

Hoy algunos son psicólogos. Ingenieros. Periodistas. Profesionales. Padres y madres de familia. Trabajadores honestos. Ciudadanos que construyen la Costa Rica actual desde múltiples espacios.

Y algunos todavía lo buscan.  Lo llaman. Le escriben. Lo visitan. Llegan con canas donde antes hubo uniformes escolares. Llegan con hijos. Algunos con nietos. Llegan para abrazarlo. Para contarle sus logros. Para agradecerle. Y quizá ahí habita la victoria más grande que puede alcanzar un educador. Porque existen reconocimientos que no caben en una placa, ni en un diploma, ni en una ceremonia institucional.

El verdadero reconocimiento de Domingo Caravaca Guadamuz camina hoy por Costa Rica convertido en seres humanos de bien.

En psicólogos que alguna vez fueron niños que necesitaban comprensión.

En periodistas que aprendieron disciplina y responsabilidad.

En ingenieros que crecieron creyendo que sí podían llegar lejos.

En profesionales que encontraron oportunidades.

En hombres y mujeres de familia que aprendieron valores capaces de sostener una vida entera.

Ésa es su cosecha. Ése es su triunfo.

31167497059?profile=RESIZE_584xEN 1989, LA GRADUACIÓN ESCOLAR FUE DEDICADA A DOMINGO, EN EL VALLE LA ESTRELLA.

Ése es el monumento invisible que levantó durante décadas de trabajo silencioso.

No buscó riqueza. No buscó fama. No buscó aplausos. Y quizá precisamente por eso terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.

Un héroe rural. Un constructor tenaz de nuestra Costa Rica. Un hombre que caminó entre barro, bananales, lluvias, dificultades y carencias sembrando algo mucho más poderoso que conocimientos: sembrando dignidad humana.

Y hoy, cuando el teléfono suena, cuando llega un mensaje inesperado, cuando una visita toca la puerta, cuando un antiguo estudiante regresa convertido en profesional, padre, madre o ciudadano de bien para abrazarlo y decirle “gracias, maestro”, aparece la prueba más contundente de una vida extraordinaria.

Las semillas sembradas jamás murieron.

Crecieron. Florecieron. Y volvieron a casa. Para agradecerle en vida. En persona. Mirándolo a los ojos.

Como sólo los grandes maestros merecen, como un verdadero constructor silencioso de Costa Rica.

 
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31157586270?profile=RESIZE_710xSAN JOSÉ COSTA RICA / Prensamérica Internacional© comunicó la tarde de este miércoles 20 de mayo, oficialmente y a su amplia audiencia continental e internacional, la incorporación del escritor, neuroeducador, gestor cultural y conferencista peruano Gonzalo “Chalo” Rodríguez Burgos a nuestra estructura editorial internacional, consolidando así una nueva etapa de fortalecimiento de contenidos culturales y literarios dentro de nuestra plataforma periodística.

Desde Pacasmayo, Perú, el reconocido intelectual latinoamericano desarrollará publicaciones periódicas mediante su espacio editorial exclusivo “Retazos”, una ventana literaria que ofrecerá crónicas, pensamiento crítico, relatos humanos, memoria emocional, análisis culturales y literatura contemporánea construida desde una mirada profundamente latinoamericana.

Este importante fichaje editorial representa para Prensamérica Internacional© una incorporación de alta relevancia intelectual, académica y cultural.

31157586301?profile=RESIZE_710xGIGANTE EN LA ENSEÑANZA: Acá vemos a Chalo Rodríguez recibiendo el premio Líder en la Docencia Arte y Cultura. Otorgado por el Colegio de Investigación y Docencia Perú 2023.

Nacido en Pacasmayo, Perú, en 1956, GonzaloChaloRodríguez Burgos es Licenciado en Relaciones Industriales y Públicas por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, además de poseer una sólida formación especializada en Neuroeducación, Neurobiología, Salud Mental e Inteligencia Emocional con base científica, desarrollada mediante instituciones académicas de prestigio internacional.

Miembro activo de la Society for Neuroscience y del Gremio de Escritores del Perú, ha logrado construir una trayectoria poco común donde convergen la investigación científica, la pedagogía moderna y una literatura elegante, sensible y profundamente humana.

Autor de más de una docena de libros entre narrativa, poesía y ensayo, Rodríguez Burgos ha desarrollado una voz literaria distinguida por la sensibilidad emocional, el refinamiento narrativo y la capacidad de convertir memoria, experiencia humana y reflexión social en literatura de alta calidad.

Obras como El silbido de las sombras, distinguida entre las publicaciones más relevantes del año por el Gremio de Escritores del Perú; Pedacitos de vacíos; Surcos de vinilo; Sediento compás en brisa esquiva y múltiples publicaciones adicionales, lo posicionan como una figura consolidada dentro del escenario literario latinoamericano contemporáneo.

Su trabajo cultural también trasciende fronteras. Embajador Cultural en diversos países latinoamericanos, conductor del programa Aroma de Libro, columnista y capacitador docente en Neurociencias, ha llevado conocimiento, literatura y pensamiento crítico hacia distintos escenarios educativos y culturales de Perú y América Latina.

31157646683?profile=RESIZE_710xHOMBRE DE FAMILIA: Con su adorada nieta Morgana, Chalo se rinde embelesado por su vida de abuelo regalón.

MUY BIEN RECOMENDADO

Su obra forma parte de más de 20 antologías internacionales publicadas en diversos países del continente y Europa, fortaleciendo una proyección internacional respaldada además por reconocimientos como la Medalla de Oro de la Municipalidad Provincial de Arequipa, el Premio Fénix Europa, el Galardón Cóndor Mendocino, el Premio Nacional Gaviota de Plata de Argentina y múltiples distinciones académicas y culturales.

El proceso de incorporación institucional contó además con la valoración y recomendación profesional de la directora nacional de Prensamérica© en Perú, Dra. Valia Venegas Mejía, quien brindó formalmente su voto de confianza y respaldo a esta nueva integración editorial.

Para el director general de Prensamérica Internacional©, Roberto González Short, la llegada de Gonzalo “Chalo” Rodríguez Burgos representa un paso estratégico dentro del fortalecimiento cultural del medio.

"No incorporamos únicamente a un escritor. Recibimos a un académico, a un neuroeducador, a un hombre de letras con extraordinaria formación, disciplina intelectual y una elegancia literaria que distingue su trabajo dentro del escenario latinoamericano. Chalo Rodríguez Burgos aporta profundidad, pensamiento, sensibilidad humana y una visión moderna del conocimiento aplicada a la literatura. Su llegada fortalece nuestra identidad editorial y honra el compromiso que Prensamérica© mantiene con la cultura, la educación y las grandes voces del continente".

González Short agregó además, que "las redacciones modernas necesitan pensamiento. Necesitan criterio. Necesitan intelectuales capaces de construir contenido que trascienda la noticia inmediata. Chalo representa precisamente eso: formación académica sólida, prestigio internacional, sensibilidad literaria y una obra que dialoga con la ciencia, la educación y las emociones humanas".

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31157756874?profile=RESIZE_584xIMPARABLE: Acá, cuando recibió su Diploma de Reconocimiento del Congresista de la República del Perú, como Gestor científico. 2025.

Nuestro medio habló con este erudito literario, quien desde Pacasmayo, señaló que «escribir es, para mí, un acto de generosidad compartida. Cada palabra que nace del entorno o de la memoria busca un puente, no un muro. Por eso, recibir la invitación para formar parte del equipo internacional de redactores de PRENSAMERICA.COM no sólo me alegra profundamente, sino que me confirma una certeza: la literatura y el periodismo honesto son dos formas similares de mirar el mundo para transformarlo desde la sensibilidad.
Deseo unirme a este medio —altamente reconocido a nivel internacional— porque creo en la palabra como herramienta de encuentro. He recorrido caminos diversos: la neuroeducación, la narrativa, la poesía, el ensayo, la gestión cultural. Y en cada uno de ellos he aprendido que la profundidad no está reñida con la brevedad, ni la reflexión con la alegría de compartir. Ser parte de PRENSAMERICA.COM representa para mí una ventana más amplia, un territorio fértil donde mis escritos podrán dialogar con realidades y lectores que trascienden fronteras. No busco protagonismo, sino participación. No busco reconocimiento vacío, sino seguir creciendo como escritor y, sobre todo, como ser humano. Porque escribir en equipo, desde el respeto y la diversidad, es también una manera de habitar el mundo con humildad y con oficio. Con gratitud y entusiasmo, pongo mi pluma al servicio de esta nueva travesía», comentó Rodríguez.

31157824901?profile=RESIZE_710xLETRAS E INFANCIA: Recibiendo su certificado por el Diplomado en Literatura Infantil y Juvenil SADE, Universidad Nacional de Villa María , Córdoba, Argentina, 2023.

Con esta incorporación oficial, Prensamérica Internacional© continúa consolidando una estructura editorial plural, especializada y con visión continental. Desde Lima hacia América Latina y el mundo, Gonzalo “Chalo” Rodríguez Burgos abre ahora una nueva etapa profesional junto a nuestra casa periodística.

¡Bienvenido Gran Gonzalo, a Prensamérica Internacional©!.

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Sobre Nosotros

Roberto González Short / Tel: +506 88215831 / SAN JOSÉ COSTA RICA. / prensamerica@pm.me

12747187083?profile=RESIZE_710xAntes de que aparecieran las primeras redes sociales en internet, los internautas anhelaban un espacio propio para publicar sus noticias y compartirlas. En los inicios de los 2000, cuando muchos en Latinoamérica veían internet solo como una herramienta de entretenimiento, dos costarricenses —Roberto González Short y Silvia Rojas Marchena— decidieron crear un proyecto periodístico serio y de alcance regional. 
31157523866?profile=RESIZE_710xAsí nació Prensamérica Internacional©, fundada en Costa Rica en 2004. Sus primeras coberturas se centraron en Cultura y Teatro, pero rápidamente se expandió hacia la información política, social, académica y de interés general en español.
Hoy, más de 21 años después, mantenemos directores y corresponsales en México, Costa Rica, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Uruguay, República Dominicana, Argentina y otros países de la región. Nos hemos consolidado como una de las primeras y más longevas redes de noticias digitales de Latinoamérica.
31150291480?profile=RESIZE_710xEl Premio Latinoamericano Dr. Zenobio Saldivia
Desde 2016, Prensamérica Internacional© desarrolla el Premio Latinoamericano Dr. Zenobio Saldivia, un galardón honorífico que reconoce la trayectoria, labor social, contribuciones culturales y promesas deportivas de destacadas personalidades y organizaciones. Estas galas ya se han desarrollado en Costa Rica, dos veces, Ecuador y México.
Este galardón continental ha contado con el aval del Colegio de Periodistas de Guayas y la Unión Nacional de Periodistas de Ecuador (capítulo Guayas). Entre los galardonados se encuentran:
  • Carlos Pérez Barriga — Director de Diario El Universo (Ecuador).
  • Rodrigo Chávez Robles — Presidente de Costa Rica (2022-2026).
  • Universidad de Colima (México).
  • Isabel Crespo de Lébed — Presentadora de Televistazo, Ecuavisa (Ecuador)
  • Maynor Sánchez Alvarado — Escritor y dramaturgo costarricense.
  • Iván Díaz Cuya — Periodista peruano.
  • Luz María Mercedes Cabrera — Alcaldesa de Miches (República Dominicana).
  • Gran Logia Femenina de Uruguay
  • Radio Santa Clara, San Carlos Costa Rica.
  • Marva Dixon Dixon, profesora Costa Rica.
  • Y decenas de periodistas, médicos, artistas y líderes sociales de toda Latinoamérica.31157526661?profile=RESIZE_710x

Nuestro Equipo
Actualmente contamos con un selecto grupo de comunicadores: Roberto Godínez Soto, Gonzalo Rodríguez Burgos, Isabel Casco Silva, Miguel Rojas Pizarro, Carlos García Neira, Esteban Guillén, Walter González Álvarez, Maynor Sánchez Alvarado, Alfredo Ramírez Blacky, Armando Herrera Rodríguez, Guillermo Robertson Andrade, Teresita Valdés Betancor, Ricardo Castellanos, Bárbara Balbo, César Merchánt Rey, Armando Arévalo, Ana María Goede, Valia Venegas Mejía, María Victoria Maldonado Godínez, Hugo Rodríguez Guara, Philippe Quesada Jassoud, Shirley Garro Quiroz y muchos otros profesionales comprometidos con el periodismo de calidad.
31157526283?profile=RESIZE_710xNuestros Valores
Prensamérica Internacional© se mantiene gracias al esfuerzo y financiamiento de sus propios editores. No pertenecemos a ninguna corporación empresarial, gobierno, partido político ni ideología. Nuestro único compromiso es con la verdad, la pluralidad y el lector. Contamos con más de 1.250 publicaciones, certificación TrustLock (Business + Privacy + SSL), y seguimos creciendo como un medio independiente, ético y con voz propia en toda América.
Somos Prensamérica.com — Periodismo libre desde 2004.
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Directora Nac. de Prensamérica Perú en Radio Nacional

31153637262?profile=RESIZE_710xLIMA PERÚ / Hace pocos días, un importante medio peruano, (Radio Nacional) de gran influencia en dicho país, desarrolló un abordaje periodístico a nuestra directora nacional en Perú, la Dra. Valia Venegas Mejía. Compartimos el excelente trabajo periodístico de nuestro colega Ricardo Alva, referente nacional del periodismo nacional en Perú.
Coneau estuvo en Radio Nacional para informar sobre el avance de la acreditación en las universidades. Durante la entrevista, se mencionó que actualmente 117 programas de estudios universitarios cuentan con acreditación vigente otorgada por el Sineace, a través de su órgano operador, lo que evidencia el compromiso de las universidades públicas y privadas con la calidad educativa. Asimismo, se explicó la importancia de la acreditación como un mecanismo que permite mejorar la formación profesional, fortalecer la gestión institucional y asegurar procesos educativos orientados a resultados.
Además, se anunció que el Sineace cumplirá 20 años como entidad encargada de garantizar que las instituciones educativas y las personas ofrezcan un servicio de calidad en el país.
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A 54 AÑOS: La niña del Napalm / RESUMEN DE LA TRAGEDIA

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POR: HÉCTOR FUENTES

Nota Original Aquí

ACTUALIZACIÓN.- Amigos lectores de Prensamérica y medios asociados, hemos 'robado', literalmente hablando, este artículo de nuestro prestigioso colega chileno Héctor Fuentes, para asegurar que el 8 de junio de 1972, en la fase final de la controvertida Guerra de Vietnam, Nick Ut, fotógrafo de la agencia de noticias AP, se encontraba apostado en las afueras de un pequeño pueblo vietnamita llamado Trang Bang, ubicado al norte de Saigón. Gran parte de sus habitantes se habían refugiado en un templo cuando oyeron aviones de las fuerzas norteamericanas-sudvietnamitas por encima de ellos. Temerosos de que fueran bombardeados, todos corrieron afuera para escapar del lugar, en el preciso momento en que los aviones dejaron caer varias bombas de napalm -líquido inflamable que se adhiere a la piel humana, causando espantosas quemaduras cuando se encienden- que detonaron por todo el templo.

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Aquí tenemos la icónica e impactante fotografía tomada por el corresponsal de guerra Nick Ut en la aldea de Trang Bang el 8 de junio de 1972.

“Yo intuía que algo terrible podía pasar después del bombardeo de los aviones, así que estaba atento con mi cámara. Miré a través del humo negro y vi a una niña, desnuda… corriendo. Comencé a tomar fotografías a medida que ella y otros niños corrían directamente hacia nosotros, escapando de la aldea por el camino rural. Cuando la niña se acercó, vi que partes de su piel comenzaban a desprendérsele. Ella se había arrancado la ropa para dejar de quemarse. El napalm ya había quemado su cuello, la mayor parte de su espalda y su brazo izquierdo. Dije: “Oh, Dios mío, no puedo creer que ella esté tan quemada”. Dejé mi cámara en la carretera y traté de ayudarla, vertimos agua en sus heridas y la cubrimos con un abrigo. Después tomamos a la niña y a los otros niños y los subimos a la camioneta van de la agencia AP para llevarlos a un hospital. Adentro de mi camioneta ella decía: “Me estoy muriendo, me estoy muriendo”. Continué viéndola a cada minuto, mientras le decía: “Pronto llegaremos” “, recuerda el fotógrafo Nick Ut, quien en ese entonces tenía 21 años de edad.


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Increíblemente amigos lectores de Prensamérica, cuando llegaron a un hospital, los doctores se negaron a atender a la niña -llamada Kim Phuc-, debido supuestamente a la gravedad de sus heridas. Nick Ut, furioso, les mostró su carnet de prensa y les dijo que al día siguiente publicaría en la prensa la foto de la niña herida, junto con una nota detallando que en ese hospital se habían negado a ayudarla. Ut recordaría, años más tarde, que “lloré cuando la vi corriendo. Si no la ayudaba y algo le ocurría y moría, creo que me hubiera suicidado después de eso”.

Después de dejar a Kim Phuc y a los otros niños en el hospital, el fotógrafo reveló las fotografías que había tomado en la aldea bombardeada, seleccionando de inmediato la imagen en blanco y negro que lo haría famoso en todo el mundo, la misma que mostraba a Kim Phuc llorando y corriendo desnuda por el camino rural, con su espalda, cuello y brazo espantosamente quemados después de un bombardeo. Sin embargo, su editor se negó en un principio a publicar la foto, argumentando que no podían publicar una imagen de una niña desnuda.

Un colega de Nick Ut, léanlo bien amigos de Prensamérica, porque fue así, impactado por las imágenes que había fotografiado, terció en el asunto y al día siguiente la icónica y terrible fotografía se publicó en varios periódicos de Europa, causando una suerte de conmoción pública ante la brutalidad que había alcanzado la Guerra de Vietnam, aunque fue en Estados Unidos, país que había enviado a Indochina a morir a más de 56 mil de sus soldados, donde la imagen causó más impacto, profundizando aún más la división que se había instalado en toda la sociedad norteamericana -mayoritariamente contraria a la guerra- debido a las desastrosas consecuencias morales y físicas de esa conflagración. La impactante fotografía de Nick Ut, que dominó las portadas de los diarios de todo el mundo en 1972, se publicaría en todo caso siete meses antes de que la firma de los Acuerdos de paz de París condujeran a la retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de Vietnam del Sur.

La icónica imagen de la niña vietnamita quemada con Napalm ganaría un premio Pulitzer y se transformaría en una de las imágenes más emblemáticas y conocidas de todo el siglo XX.  

“Esa fotografía ilustró en forma dramática lo que se había convertido en un hecho regular en Vietnam por esos años: napalm en pueblos lejanos, civiles muertos y aterrorizados por la guerra, imágenes que nunca habíamos visto en el pasado. Por eso fue tan importante y significativa”, opinaría Peter Arnett, corresponsal de guerra que también obtuvo el premio Pulitzer. El fotógrafo Nick Ut, autor de la célebre fotografía, que se haría conocida popularmente como “la niña vietnamita del napalm”, también se haría famoso y pasaría las siguientes cuatro décadas tomando miles de fotos más, incluyendo numerosas imágenes de celebridades de Hollywood que recorrían una alfombra roja o entraban a un tribunal.

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El fotógrafo y corresponsal de guerra Nick Ut, así lucía cuando hizo la gráfica, y así luce actualmente.

Con respecto a Kim Phuc, la niña quemada de la fotografía, debió pasar más de un año en hospitales y, de hecho, su familia temía que no sobreviviera. Amigos lectores de Prensamérica, ella se sometió a un sinnúmero de dolorosos injertos de piel y otras cirugías y, finalmente, se recuperó de sus heridas físicas, aunque quedó para siempre con el 30 por ciento de su cuerpo marcado por las espantosas quemaduras causadas por el napalm.

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Kim Phuc, ya adulta, mostrando las secuelas que dejó en su espalda el napalm.

La niña, al crecer, también tuvo que lidiar con las secuelas psicológicas del espantoso episodio. “No podía encontrar la paz. Quería desaparecer. Incluso deseaba la muerte. Pensaba que si moría no tendría que sufrir mental, física y emocionalmente, pero empecé a estudiar diferentes textos religiosos en busca de respuestas. Y a los 19 años me convertí al cristianismo y creo que fue mi fe fue la que me ayudó a abrazar la vida de nuevo. Desde que me convertí al cristianismo, tengo una maravillosa conexión… mi relación con Jesús y con Dios. Oré mucho pidiendo ayuda, porque quería seguir adelante, casarme y tener hijos. Y cuando Dios me concedió eso, a partir de ese momento aprendí a perdonar”, relató Kim Phuc.1735713174?profile=RESIZE_710x

Kim Phuc y su esposo intentarían hacer una vida normal fuera de Vietnam, por lo que solicitaron asilo en Canadá hace más de 20 años, radicándose en las afueras de Toronto, lugar donde criaron a sus dos hijos. Recordando el día en que fue fotografiada por Nick Ut, Kim Phuc relató que “siempre recuerdo aquel horrible día en el que huimos de la vida a la muerte. Recuerdo sobre todo un calor intenso y un dolor atroz en mi cuerpo, que me hizo arrancar mi ropa en llamas para después correr buscando ayuda”.

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Kim Phuc agregó que “crecí odiando esa fotografía, porque para mí era sinónimo de dolor, tormento y agonía, con mi rostro infantil congelado en un agonizante lamento. Con los años y después de una larga lucha, comprendí que esa fotografía era un instrumento para hacer pensar a la gente sobre los horrores de la guerra. Esa fotografía, de ese modo, se convirtió en un camino hacia la paz, pues me di cuenta de que si no podía escapar de esa fotografía, debería volver y trabajar con esa imagen por la paz. Y esa fue mi decisión. Realmente quiero agradecerle a Dios por salvar mi vida cuando era una niña. Sin importar lo que me haya pasado, tengo otra oportunidad para estar viva, para estar saludable, para ser una suerte de bendición y para ayudar a honrar a otras personas”.

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Kim Phuc, la niña vietnamita quemada con napalm, se toma una selfie con el fotógrafo Nick Ut, el autor de la icónica imagen que la hizo famosa en el mundo entero.

Además de ser una amorosa esposa y madre, Kim Phuc es también una mentora y una embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas. También ayudó a fundar la fundación Kim Foundation International, una organización benéfica que ayuda a los niños que sufren a raíz de la guerra. “Esa es la razón por la que estoy verdaderamente agradecida porque hayan tomado esa foto y que yo pueda trabajar con esa imagen por la paz”, aseguró Kim Phum, de actuales 55 años, quien confesó, con serenidad y alivio, que aquella niña aterrorizada y desvalida que aparece en la terrible e impactante foto tomada en 1972 por el fotógrafo Nick Ut “ya no está corriendo más… ella está volando”.

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Prensamérica Internacional© es un medio digital independiente fundado el 8 de marzo de 2005 por Roberto González Short. Nacida con el propósito de crear un espacio plural y democrático para el periodismo latinoamericano, la plataforma inició sus operaciones como un proyecto comprometido con la libertad de expresión y la descentralización de la información.

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Con oficinas en Costa Rica, Ecuador, México y Chile, Prensamérica© ha construido una red internacional de periodistas y colaboradores que cubren la realidad de América Latina desde una perspectiva cercana, rigurosa y sin compromisos con grandes grupos económicos o políticos. Desde el año 2015 desarrolla de forma ininterrumpida el Premio Latinoamericano Dr. Zenobio Saldivia©, gala anual que reconoce a personalidades, instituciones, artistas, deportistas, universidades y comunicadores que contribuyen al desarrollo social, cultural y democrático de la región. Prensamérica© es un medio no comercial, sostenido por el esfuerzo de sus colaboradores y el compromiso con un periodismo ético, equilibrado y valiente.

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Misión

Informar con verdad, rigor y pluralidad, ejerciendo un periodismo independiente que fiscalice el poder cuando sea necesario y reconozca el mérito cuando corresponda.
Como medio no comercial, Prensamérica© busca:
Democratizar el acceso a la información en América Latina.
Visibilizar realidades regionales que suelen ser ignoradas por los grandes medios.
Promover la libertad de expresión y la apertura de espacios para medios pequeños e independientes.
Construir un periodismo que combine denuncia responsable con reconocimiento justo. 
Creemos que el verdadero periodismo no solo cuestiona, sino que también construye y equilibra.

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Visión

Consolidarnos para el año 2030, como la plataforma de referencia del periodismo independiente en América Latina, reconocida por su credibilidad, pluralidad y contribuir activamente a la democratización de la pauta informativa y al fortalecimiento de la libertad de prensa. Demostrar que un medio independiente, no comercial y de tamaño mediano, puede generar un impacto real y positivo en la sociedad latinoamericana.

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31150291480?profile=RESIZE_710xObjetivos

Ejercer un periodismo riguroso, ético y plural que informe con veracidad sobre la realidad de América Latina. Mantener una línea editorial independiente, libre de compromisos políticos o económicos. Fortalecer el Premio Latinoamericano Dr. Zenobio Saldivia como espacio de reconocimiento al talento y al esfuerzo de personas e instituciones de la región. Promover la descentralización de la información y la apertura de espacios para medios digitales y periodistas independientes.
Fomentar el debate constructivo y la pluralidad de voces en los países donde tenemos presencia (Costa Rica, Ecuador, México, Perú, España, Uruguay, Bolivia, Argentina y Chile, entre otros).
Contribuir al fortalecimiento de la democracia, la libertad de expresión y el desarrollo social de América Latina mediante un periodismo responsable y equilibrado.

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31149423256?profile=RESIZE_710xÚltima actualización: 12 de mayo de 2026
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31147780482?profile=RESIZE_710xRedacción San José, 8 de mayo de 2026 — Costa Rica vive este viernes un traspaso de poderes cargados de simbolismo y tensión en el Estadio Nacional de La Sabana. Laura Fernández Delgado, del Partido Pueblo Soberano (PPSO), juramentó como la 50ª presidenta de la República y la segunda mujer en ocupar el cargo, tras Laura Chinchilla. La ceremonia, que incluyó un espectáculo cultural y apertura de puertas desde temprano, tuvo su punto álgido en la juramentación cerca de las 11:00 am. Durante su primer discurso como mandataria, Fernández mencionó a varias jerarcas del país que se han incorporado como adversarios políticos de su gobierno. Al referirse a figuras como la contralora general Marta Acosta (de la Contraloría General de la República), el público presente respondió con fuertes abucheos, reflejando la polarización y el respaldo ciudadano a la nueva administración frente a quienes perciben como obstáculos institucionales. 

Detalles clave del evento

  • Saliente: Rodrigo Chaves Robles entrega el mando tras su gestión 2022-2026.
  • Entrante: Laura Fernández Delgado, de 39 años, ganó en primera vuelta las elecciones del 1 de febrero con el 48,53% de los votos. Su partido obtuvo 31 diputados, asegurando mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa.
  • Momento de tensión: Los abucheos a jerarcas como Marta Acosta, marcaron uno de los instantes más comentados de la transmisión en vivo, evidenciando el apoyo popular a la línea dura de la nueva presidenta contra lo que califica como “instituciones que frenan el cambio”.

Lista actualizada de invitados internacionales Delegaciones de 71 países y 18 organismos multilaterales confirmaron su presencia. Entre los líderes y representantes de alto nivel confirmados destacan: 

  • Rey Felipe VI de España (acompañado por la secretaría de Estado para Iberoamérica y el Caribe, Susana Sumelzo).
  • José Raúl Mulino, presidente de Panamá.
  • Bernardo Arévalo de León, presidente de Guatemala.
  • Nasry Asfura, presidente de Honduras.
  • Luis Abinader, presidente de República Dominicana.
  • María José Pinto, vicepresidenta de Ecuador (en sustitución del presidente Daniel Noboa).
  • Isaac Herzog, presidente de Israe.
  • Christopher Landau, vicesecretario de Estado de Estados Unidos (encabezando la delegación, junto a la embajadora Melinda Hildebrand y la enviada especial Kristi Noem).
  • Emisario especial de la República Popular China (portador de una carta del presidente Xi Jinping).

Se confirma la ausencia de los presidentes Javier Milei (Argentina) y Nayib Bukele (El Salvador). José Antonio Kast (Chile) también asistió como invitado especial. El evento se transmite en vivo por canales oficiales y plataformas digitales. Incluyó una cena de Estado la noche anterior ofrecida por el presidente saliente.

Contexto

Fernández promete continuidad con énfasis en seguridad (mano dura contra el crimen), economía y proyectos de infraestructura. Los abucheos de hoy refuerzan el mensaje de respaldo popular a su visión de “orden y cambio”. Este traspaso democrático, pese a las tensiones puntuales, consolida la estabilidad institucional de Costa Rica en la región. ¡Pura vida y que viva la democracia!(Nota lista para publicación o adaptación. Fuentes: cobertura en vivo, reportes de El Financiero, Bloomberg Línea y medios nacionales al 8 de mayo de 2026).

  • Encomendó su gobierno a Dios“Hoy, al asumir la Presidencia de la República, mi primera decisión es encomendar este nuevo gobierno a Dios. Le pido con humildad sabiduría para decidir, firmeza para actuar y un corazón justo para servirles… Esta no es una promesa a la ligera, es una decisión de vida”.
  • Se declaró heredera del cambioSí, soy la heredera de ese cambio. Lo digo sin titubeos. Heredera de una forma de hacer política distinta… Mi reto es multiplicarla y llevarla a cada rincón de Costa Rica”.
  • Nueva forma de hacer política“La nueva forma de hacer política es la que deja de hablar y empieza a resolver. La política que mide metas, mide resultados y les rinde cuentas. La política que no tolera la corrupción, el clientelismo ni el amiguismo”.
  • Mano dura contra el crimen“A las madres que han perdido a sus hijos les digo: su dolor no me es ajeno… Esa empatía se traducirá en una firme respuesta de mano dura. No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado”.
    Anunció la megacárcel en La Reforma y un centro de monitoreo de última tecnología. Advirtió que no servirá de nada si los jueces siguen soltando delincuentes.
  • Modernización del EstadoCriticó las 335 instituciones públicas que “perdieron el norte”. Prometió revisar la institucionalidad sin atentar contra la división de poderes (“Nunca lo haría”).
  • Tercera República“Estamos a las puertas de construir una Tercera República, una nueva Costa Rica que no le tiene miedo al cambio”.
  • Sobre el pueblo costarricense“Somos un pueblo espabilado, informado, exigente. Un pueblo que ya no come cuento”.
  • Compromiso personal“Ustedes, pueblo de Costa Rica, son nuestros patronos y yo voy a honrar esa responsabilidad trabajando más duro que nadie”.
  • Cierre“En mí tendrán a una presidenta que no va a aflojar. Y tendrán en mí a una presidenta que apretará aún más para forjar el país pujante, igualitario, eficiente y lleno de oportunidades con el que soñamos todos”.
Temas principales del discurso:
  • Continuidad y radicalización del “cambio” iniciado por Rodrigo Chaves.
  • Seguridad y mano dura contra el narco y la delincuencia.
  • Reducción y modernización del Estado.
  • Infraestructura (tren rápido, carreteras, etc.).
  • Eliminación de privilegios (pensiones de lujo, jornadas 4x3).
  • Respeto a la división de poderes (lo repitió varias veces).
  • Enfoque en resultados y rendición de cuentas.
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PRESIDENTE PETRO DESENMASCARA A NOBOA / ECUADOR

31144633868?profile=RESIZE_710xEl Gobierno de Colombia, encabezado por el presidente Gustavo Petro, anunció este 30 de abril el despliegue de más de 15.000 efectivos de las Fuerzas Militares y de Policía en la frontera sur con Ecuador, en una operación de gran escala, orientada a reforzar el control territorial y contener amenazas asociadas al crimen organizado transnacional. La medida, calificada como preventiva por las autoridades, cubrirá los 586 kilómetros de frontera terrestre, con especial énfasis en los departamentos de Nariño y Putumayo, donde se han identificado corredores estratégicos utilizados para el tráfico de drogas, armas y otras actividades ilícitas. En total, el contingente está compuesto por aproximadamente 13.330 militares y cerca de 2.000 policías.
El operativo incluye además el despliegue de seis aeronaves, ocho pelotones blindados y 16 unidades marítimas y fluviales, con el objetivo de reforzar la vigilancia en pasos fronterizos clave, especialmente en sectores como Ipiales, considerado un punto neurálgico por su conexión con la vía Panamericana. El despliegue ocurre en un contexto de tensión diplomática con Ecuador. Un día antes, el presidente Daniel Noboa alertó sobre una presunta incursión de grupos armados colombianos en territorio ecuatoriano, lo que elevó el tono de los pronunciamientos entre ambos gobiernos.
Por su parte, el ministro del Interior de Colombia, Pedro Arnulfo Sánchez, afirmó que la operación busca “ neutralizar cualquier amenaza de los cárteles del narcotráfico ” y frenar el flujo ilegal de armas y explosivos a través de la frontera común. Las autoridades colombianas han señalado que este despliegue se mantendrá de forma permanente, con el objetivo de cerrar corredores estratégicos utilizados por redes de crimen organizado y contrabando. Los analistas advierten que, aunque la medida responde a preocupaciones de seguridad, también podría aumentar la tensión bilateral si no se acompaña de mecanismos de coordinación entre ambos países. 

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31128024298?profile=RESIZE_710xDouglas Sánchez, un referente del periodismo de denuncia tico, cierra su etapa en ¡OPA! (Canal 38 / Gente OPA) tras más de tres años intensos como socio, director de Central Noticias y conductor de El Octavo Mandamiento. Su salida —anunciada el 6 de abril de 2026— marca el fin de una etapa en la que consolidó un estilo propio: directo, sin ambages, respaldado en evidencia documental y con un compromiso explícito de “ponerse del lado de la gente que necesita un periodismo valiente”. 

A continuación, hoy en Prensamérica Internacional©, hacemos un repaso preciso y elevado, de sus cinco principales coberturas investigativas en el terreno de la denuncia, con análisis de estilo, profundidad, seriedad, gallardía, solidez e integridad. 

“EL CÁRTEL DE LOS 35” (octubre 2025)

Investigación que reveló presuntos nexos de al menos cuatro diputados (entre ellos Johana Obando) con una red de narcotráfico vinculada a “Los Chapitos”. Usó audios, videos, pantallazos y fuentes documentales para exponer un supuesto “cartel político”. La diputada respondió con querella por calumnias; Sánchez replicó con más evidencia y le dio espacio para desmentir. 

MADE IN CHINA

Serie “Made in China” y control político de Johana Obando (2025). Serie de reportajes que destapó presuntos mecanismos de control político y posibles influencias externas (conexión con el anterior). Incluyó análisis de poder, testimonios y material probatorio. Generó amenaza de demanda; Sánchez respondió con editoriales firmes y más pruebas. 

LAS DOS CARAS DEL OIJ

Las dos caras del OIJ” – Caso Randall Zúñiga (febrero 2026)

Cobertura exhaustiva de las denuncias de cuatro mujeres contra el entonces director del Organismo de Investigación Judicial por presunta violación y abuso de autoridad. Reveló chats, audios y un informe de 295 páginas de la Unidad de Cibercrimen. Sánchez no negó su participación en un grupo de chat donde sugirió “montarle una cama” al jerarca para obtener más evidencia; defendió que era apoyo a víctimas, no fabricación de pruebas. Anunció que comparecerá como testigo en el juicio. 

NOMBRAMIENTOS POR “INOPIA” EN LA FISCALÍA

Investigación de los 1.136 nombramientos por “inopia” en la Fiscalía (2025-2026). Denuncia de supuestos nombramientos irregulares y a dedo bajo la gestión del fiscal general Carlo Díaz. Apoyada en documentos internos del Ministerio Público y fuentes directas; cuestionó directamente la imparcialidad de la institución. 

SOMBRAS EN EL MINISTERIO PÚBLICO

Exclusivas sobre irregularidades internas en el Ministerio Público (2025-2026). Denuncia exclusiva de un funcionario que renunció recientemente y reveló presuntas anomalías estructurales en el órgano. Formó parte de una línea constante de Central Noticias de dar voz a insiders que rompen el silencio. 

¿QUIÉN ES DOUGLAS SÁNCHEZ?

Análisis de estilo, profundidad y valores periodísticos.

Estilo: Directo, de confrontación y televisivo. Sus editoriales son piezas de oratoria periodística: cortos, cargados de emoción controlada y con frases lapidarias (“el dinero no compra la dignidad”, “yo no he cometido ninguna falta ética”). No es el periodismo académico de largo aliento; es periodismo de impacto inmediato, con uso magistral de audio, video y documentos judiciales para que el público “vea” la prueba. 

Profundidad: Rigurosa en la documentación (informes policiales, chats verificados, testimonios múltiples). Sánchez no se queda en la denuncia fácil: cruza fuentes, da derecho a réplica y mantiene seguimiento.

Seriedad, gallardía, solidez e integridad:

Gallardía probada: recibió al menos cinco amenazas de muerte por sus investigaciones y usó chaleco antibalas durante dos meses. 

Solidez: sus piezas resisten el escrutinio porque se basan en evidencia judicial, no en rumores.

Integridad: en sus editoriales repite que “nunca ha estado en un operativo de primera mano dando exclusiva” porque eso compromete la verdad. Se define como periodista que “no se mueve porque debe favores”. 

Análisis ético, moral y periodístico

Periodísticamente: Ejemplifica el artículo 28 de la Constitución (libertad de prensa) en su versión más combativa. En casos controvertidos como el de Zúñiga, la crítica se centró en si sugirió “fabricar” evidencia. Sánchez argumenta que sólo orientó a víctimas reales (cuatro denuncias formales) y que el informe del OIJ no es concluyente contra él.

Su posición: el periodismo no es neutral cuando hay víctimas; debe ser “valiente”. Cumple con los principios de veracidad y oportunidad, aunque genera debate ético sobre el límite entre apoyo y posible inducción.

Moralmente: En una sociedad costarricense donde la corrupción política-judicial es percibida como endémica, Sánchez asume el rol de “ángel guardián” de las víctimas y del ciudadano común. Su moral es clara: el poder (político, judicial, económico) debe ser escrutado sin miedo. No busca neutralidad; busca justicia informativa.

Éticamente: Defiende que su accionar está del lado de la Constitución y del Código de Ética Periodística (Colper). No ha sido sancionado formalmente hasta ahora. Su coherencia es alta: critica favores, rechaza exclusivas comprometedoras y prioriza la denuncia sobre la amistad o el interés comercial.

Su “escuela” y cátedra en una sociedad casi corrupta

Douglas Sánchez encarna una escuela de periodismo de denuncia valiente y popular: no el de las grandes firmas de investigación impresa, sino el de la televisión que llega al costarricense promedio. Enseña, con su ejemplo, que: La libertad de prensa no es un lujo; es un deber.

En un país donde el poder se siente intocable, el periodista debe ser incómodo. La integridad no es ausencia de controversia; es defender la verdad, aunque cueste amenazas, demandas o pérdidas económicas (dejó acciones en OPA por principios). Su cátedra sólida es un antídoto contra la resignación cívica. Muestra que sí es posible denunciar sin venderse.

¿Qué pierde Costa Rica al quedar Douglas Sánchez fuera de ¡OPA!?

Pierde visibilidad masiva para una voz que incomodaba al poder. OPA le dio alcance nacional por TV abierta y cable. Su salida reduce el espacio donde la denuncia llegaba a miles de hogares cada noche. Aunque él promete que “las investigaciones van a seguir”, el país pierde, temporalmente, una plataforma estable y masiva para ese tipo de periodismo. En una democracia frágil, donde la corrupción judicial y política es un tema recurrente, perder a un periodista que no “debe favores” debilita el contrapeso ciudadano. Es una baja para la pluralidad informativa y para la confianza pública en que “alguien vigila”. 

CONCLUSIONES

¿Qué dice de nuestra democracia que un periodista que denuncia nexos narco-políticos, irregularidades en la Fiscalía y abusos en el OIJ tenga que dejar una pantalla nacional?

¿Estamos dispuestos a aceptar que el periodismo valiente sea cada vez más marginal?

¿O exigimos que voces como la de Douglas Sánchez sigan teniendo espacio, sea en el canal que sea?

En una Costa Rica donde muchos callan por miedo o conveniencia, ¿qué nos dice el ejemplo de un periodista que usó chaleco antibalas y aun así no se calló?

Douglas Sánchez no es perfecto (ningún periodista lo es), pero representa lo mejor del oficio en tiempos difíciles: gallardía, rigor documental y una ética que prioriza a la gente sobre el poder. Su salida de OPA no es el fin de su voz, pero sí un recordatorio de que la libertad de prensa se defiende cada día. Costa Rica necesita más Douglas Sánchez, no menos. 

Roberto González Short.

Director General Prensamérica Internacional©.

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31091351467?profile=RESIZE_710xTALAMANCA COSTA RICA.- En las cumbres húmedas y silenciosas de la cordillera de Talamanca, donde la neblina se descuelga cada mañana como un telón espeso y la selva impone su ley verde e indómita, el tiempo transcurre con una lógica distinta. Allí, en el sur profundo de Costa Rica, sobreviven comunidades que no conocen el zumbido de la electricidad ni el murmullo constante del agua potable corriendo por tuberías. No hay vitrinas iluminadas, ni restaurantes, ni autobuses marcando horarios; no existen torres de telefonía ni escuelas formales que ordenen el calendario con campanas.

COMUNIDADES ATENDIDAS

En ese territorio apartado, donde la geografía es obstáculo y refugio al mismo tiempo, el personal médico del Área de Salud de Talamanca emprendió esta semana un operativo que trasciende la práctica clínica. Fue, en esencia, una travesía humana. 

Sepecue Coroma, Oro Chico, Alto Coen, Sibodi, Barrio Escalante, San José Cabécar. Nombres que no figuran en los circuitos turísticos ni en los mapas del comercio, pero que guardan historias ancestrales y una dignidad silenciosa. Hasta allí llegaron los profesionales de la salud, sorteando distancias que no se miden en kilómetros sino en horas de vuelo y caminata, con el respaldo logístico de Aerodiva Costa Rica, cuyos servicios aéreos permiten que la medicina cruce montañas y ríos imposibles. 

La jornada incluyó monitoreo a pacientes con diversas morbilidades. No se detectaron enfermedades crónicas en la zona, un dato clínico que reconforta, pero que no agota el significado de la visita. Porque lo que ocurre en estas alturas no es únicamente una revisión de signos vitales o la entrega de medicamentos: es la confirmación tangible de que el Estado no los ha olvidado. 

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UN EQUIPO DE LUJO

El equipo estuvo integrado por el médico general Efraín Retana Álvarez, un farmacéutico, un técnico en farmacia, personal de Redes, especialistas en Enfermería y un Asistente Técnico de Atención Primaria (ATAP). Profesionales que, más allá de sus credenciales, llevaron consigo algo menos cuantificable: presencia

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LA LLEGADA

Niños descalzos que observan con curiosidad; madres que esperan con paciencia ser escuchadas; adultos mayores cuyo rostro curtido se ilumina ante la llegada de visitantes. Mujeres embarazadas que reciben control y consejo en medio de un entorno donde la distancia puede convertirse en riesgo. Las sonrisas no fueron protocolares: fueron genuinas, amplias, casi celebratorias. 

UNA MIRADA HUMANA

Para estas comunidades indígenas, la visita médica no sólo garantiza continuidad en la atención sanitaria que el Ministerio de Salud sostiene desde hace años. Representa, en muchos casos, el único contacto periódico con personas ajenas a su círculo comunitario. Es un puente invisible que los conecta con la nación y, más allá de ella, con la humanidad entera. 

VIVEN EN AISLAMIENTO

En territorios donde no hay señal telefónica que confirme la existencia del mundo exterior, la llegada de la comitiva médica es un recordatorio poderoso: forman parte de un tejido social más amplio. No están solos. No son una periferia olvidada, sino un núcleo cultural vivo al que se le reconoce su valor. Así, en medio de la selva que respira y la montaña que impone respeto, la medicina se transforma en gesto. En palabra compartida. En apretón de manos. En mirada sostenida.

Porque en las alturas de Talamanca, esta semana, no sólo se atendieron pacientes. Se sostuvo —con discreción y con humanidad— el delicado hilo que los une al resto del país.

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31081112060?profile=RESIZE_710xSAN JOSÉ COSTA RICA – En una jornada electoral histórica marcada por una alta participación ciudadana que superó el fantasma del abstencionismo, Laura Fernández Delgado, candidata del Partido Pueblo Soberano (PPS) y heredera política del presidente Rodrigo Chaves, se ha impuesto de manera contundente en las elecciones presidenciales de 2026. Con el 31,14% de las actas escrutadas, Fernández obtiene el 53,01% de los votos, equivalente a 326.733 sufragios, lo que le permite evitar una segunda vuelta y asumir la presidencia directamente.
 
clarin.com
Esta victoria no solo consolida el oficialismo derechista en Costa Rica, sino que envía ondas de choque a través de Centroamérica y el Caribe, reforzando un modelo de mano dura contra el crimen y reformas estructurales inspiradas en figuras como Nayib Bukele.Cifras Clave del Triunfo ElectoralLa elección convocó a unos 3,7 millones de votantes, con una participación que venció el histórico abstencionismo, reflejando un electorado motivado por temas como la seguridad y el desempleo.
 
as.com
Fernández, politóloga de 39 años y exministra de Planificación y Presidencia, superó ampliamente a sus rivales. Los principales contendientes incluyeron:
  • Álvaro Ramos (Partido Liberación Nacional - PLN), con alrededor del 9% de intención de voto en encuestas previas.
  • Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana), empatada en torno al 9%.
  • Otros nombres como Ariel Robles (Frente Amplio), José Aguilar, Juan Carlos Hidalgo y Rosalía Brown Young, ninguno superando el 10%.
     
    rtve.es
En el plano legislativo, el PPS buscaba una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa de 57 diputados. Fernández había declarado en campaña: "¡Vamos a ganar en la primera ronda y lo haremos con 40 diputados!", apuntando a reformas constitucionales y del Estado.
 
as.com
Aunque los resultados definitivos de las diputaciones aún se procesan, proyecciones iniciales sugieren que el PPS podría obtener al menos 35-40 escaños, fortaleciendo su control para impulsar cambios profundos, incluyendo el fin de pensiones de lujo y el desarrollo de "Ciudad Gobierno".
 
larepublica.net
Partidos opositores como el PLN y el Frente Amplio podrían repartirse el resto, con estimaciones de 10-15 diputados cada uno, fragmentando la oposición.Proyecciones Políticas: Continuidad y TransformaciónEl mandato de Fernández (2026-2030) promete una "continuidad del rodriguismo", enfocada en crecimiento económico, reducción de deuda y mano firme contra el narcotráfico.
 
cnnespanol.cnn.com
Entre sus propuestas clave:
  • Construcción de una "megacárcel" para 5.000 presos, inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo de El Salvador.
  • Estados de excepción en zonas conflictivas para combatir el crimen organizado.
  • Diversificación turística, potenciando regiones como el Caribe, Puntarenas y Cartago con planes maestros para turismo religioso, rural y accesible.
  • Atracción de inversión extranjera en periferias, conectividad digital y producción sostenible para redistribuir prosperidad.
     
    pueblosoberano.org
A nivel económico, se proyecta un repunte sostenido, building on el crecimiento de 2024-2025 que posicionó a Costa Rica como líder en la OCDE, aunque con desafíos en redistribución de riqueza.
 
cnnespanol.cnn.com
Políticamente, esta victoria podría reconfigurar el sistema partidario costarricense, erosionando tradicionales como el PLN y PAC, y creando una identidad "anti-status quo" que aglutine descontento popular.
 
youtube.com
Significado para Centroamérica y el CaribeEl triunfo de Fernández marca un hito en la región, consolidando el ascenso de líderes populistas de derecha con énfasis en seguridad. Su admiración por Bukele –evidente en alianzas como la inauguración conjunta de escáneres portuarios y cárceles– sugiere una mayor integración entre Costa Rica y El Salvador, potencialmente extendiéndose a Honduras y Guatemala en una "alianza anti-narco".
 
tn.com.ar
Esto podría impulsar reformas regionales contra el crimen organizado, pero también genera preocupaciones sobre erosión democrática, como en El Salvador, donde medidas de emergencia han sido criticadas por violaciones a derechos humanos.En el Caribe, el enfoque en turismo sostenible y desarrollo costero podría inspirar modelos en Jamaica o República Dominicana, fomentando alianzas económicas.
 
pueblosoberano.org
Sin embargo, analistas advierten que esta ola populista podría polarizar la región, debilitando instituciones en democracias como Costa Rica (clasificada como plena, pero con declives en libertades civiles).
 
idea.int
Para el Caribe insular, representa un contrapeso a influencias izquierdistas, priorizando prosperidad y paz sobre ideologías.Notablemente, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, fue el primer mandatario en felicitar a Fernández vía telefónica, deseándole "el mayor de los éxitos" y "todo lo mejor para Costa Rica".
 
diarioextra.com
Este gesto subraya la afinidad ideológica y proyecta una era de cooperación regional bajo un prisma de "mano dura" y prosperidad compartida.Este triunfo no es solo electoral; es un mandato para transformación. Costa Rica, baluarte democrático, entra en una fase decisiva que podría redefinir Centroamérica hacia un futuro más seguro, pero con riesgos inherentes a la concentración de poder.
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31079164672?profile=RESIZE_710xGUADALAJARA MÉXICO.- En las serenas calles de Guadalajara, ciudad que lo abrazó desde su infancia y se convirtió en su refugio eterno, el ingeniero Clemente Orozco Valladares cerró sus ojos al mundo el domingo 25 de enero de 2026, a la venerable edad de 101 años, por causas naturales vinculadas a una vida larga y plena. Sus restos fueron sepultados el martes 27 de enero en la Perla Tapatía, dejando un eco de ausencia que resuena en los corazones de familiares, amigos, hermanos masónicos y en el vasto tapiz cultural de México. Como hijo primogénito del titán del muralismo José Clemente Orozco, Clemente no solo portó un apellido ilustre, sino que lo elevó con una existencia dedicada al rigor intelectual, la preservación del arte y un servicio discreto pero profundo a su nación.
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31079157073?profile=RESIZE_710xNacido el 24 de septiembre de 1924 en Coyoacán, en la vibrante Ciudad de México, Clemente llegó a Guadalajara siendo apenas un niño, cuando su familia migró a Jalisco atraída por las oportunidades creativas que su padre encontró en esta tierra. Aquí, bajo el influjo del genio paternal, creció inmerso en un mundo donde el arte no era un mero ornamento, sino una fuerza transformadora. Conviviendo con José Clemente Orozco durante más de dos décadas, hasta la partida del muralista en 1949, Clemente absorbió los valores de integridad, crítica social y humanismo que definieron las obras maestras de su progenitor: los imponentes murales del Hospicio Cabañas –hoy Instituto Cultural Cabañas–, el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara y otros monumentos que capturan la esencia turbulenta de la Revolución Mexicana y la condición humana.
31079157454?profile=RESIZE_400xSu camino profesional reveló un intelecto versátil, que se alejó del pincel para abrazar la ciencia y la innovación. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Nacional Autónoma de México, complementando su formación con posgrados en síntesis orgánica en Zúrich y bioquímica en Harvard. De regreso en México, cofundó en 1953 una empresa pionera en la síntesis de vitaminas y esteroides, un proyecto que impulsó la industria farmacéutica nacional. Como asesor técnico en laboratorios y empresas, extendió su influencia a proyectos de ingeniería química e industrial por todo el país, contribuyendo al desarrollo posrevolucionario con un enfoque práctico y ético. Su modestia lo mantuvo alejado de los reflectores, priorizando el impacto real sobre el aplauso efímero, pero su labor dejó una marca indeleble en el progreso técnico de México.No obstante, el verdadero norte de su vida fue la custodia y difusión del legado de su padre. Desde joven, colaboró en exposiciones y ediciones de grabados, y tras la muerte de José Clemente, se convirtió en un guardián incansable. Compiló archivos fotográficos familiares, cartas, publicaciones y catálogos de miles de obras originales –dibujos, grabados y diseños murales–. Ofreció su expertise para autenticaciones en museos internacionales y nacionales, y en 1989 fundó una institución dedicada a preservar, investigar y promover la obra orozquiana. Como curador y conferencista, organizó exposiciones globales y defendió interpretaciones fieles del muralismo de su padre, corrigiendo visiones superficiales y enfatizando su profundidad humanista. En 2007, fue reconocido como curador honorario por el Instituto Cultural Cabañas, un tributo a su dedicación vitalicia.
Clemente también halló fraternidad en la masonería, donde encarnó los ideales de hermandad, honor y servicio. La esquela emitida por el Gran Oriente Unidad Francmasónica y la Gran Logia de Estado José Luis Hernández Ricardo lo describe con precisión: un "entrañable amigo, hermano, hijo, padre y profesionísta quien ha dejado una huella indeleble en nuestros corazones". Esta comunidad, junto a la sociedad jalisciense, se une al duelo, reconociendo en él un pilar de valores perennes.
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EN MAYO DE 2024, LA HIJA DE OROZCO VALLADARES, LA PSICÓLOGA CLARISA OROZCO, JURÓ PROTESTA EN LAS FILAS DE PRENSAMÉRICA INTERNACIONAL© EN LA CIUDAD DE GUADALAJARA.
 
En el ámbito familiar, Clemente fue un patriarca devoto, casado y padre de al menos dos hijos: José Clemente Orozco Farías, quien partió en 2021, y Clarisa Orozco Farías, psicóloga de trayectoria destacada en Guadalajara. Clarisa, nieta del gran muralista, ha perpetuado el linaje humanista de los Orozco a través de su labor en salud mental, acompañando a personas en procesos de sanación emocional con empatía y profundidad. Sus nietas, Gabriela y Mariana Zepeda Orozco, han sido aliadas activas en la preservación del patrimonio familiar, colaborando con museos y extendiendo el compromiso generacional.Instituciones como la Universidad de Guadalajara, el Museo de las Artes, el Museo Cabañas y la Secretaría de Cultura de Jalisco han expresado sus condolencias, destacando su rol como puente entre el esplendor del muralismo del siglo XX y el presente. Clemente Orozco Valladares encarnó la esencia de una familia de triunfadores mexicanos: del arte revolucionario que denuncia injusticias, a la ingeniería que construye futuros, y la psicología que sana almas. Su longevidad no fue mero paso del tiempo, sino un testimonio de dedicación inquebrantable, un puente entre épocas que nos recuerda que los legados se cultivan con humildad y pasión.Que su memoria ilumine como los murales de su padre iluminan la historia: con fuerza, verdad y eterna humanidad. Descanse en paz este guardián del legado, cuya vida fue un mural vivo de honor y servicio.
 
D.E.P.

Desde nuestra Sala de Redacción hacemos llegar a su amada familia,  nuestro cálido abrazo fraterno.
Roberto González Short - Armando Arévalo, directores.
Fuentes y Enlaces para Profundizar:
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31052190667?profile=RESIZE_710x( DOCUMENTO COMPLETO ) REDACCIÓN SANTIAGO CHILE / Parte 3 y final - ¿Y qué tenemos ahora, para cerrar esta trilogía sobre el Poder y quienes lo ejercen, lo administran o lo padecen?

Tenemos un documento que nunca fue documento. Un archivo sin membrete, sin firma, sin origen verificable, atribuido a inteligencias difusas, a policías secretas que nadie logra nombrar, a “fuentes” que existen sólo en el rumor. Un texto que no es informe oficial ni fantasía burda. Algo más incómodo: una pieza escrita con apariencia forense, cargada de nombres propios, descripciones operativas, lecturas psicológicas y afirmaciones graves.

Ese archivo comenzó a circular en el último semestre de 2025 por redes cerradas: policías retirados, periodistas de crónica roja, reporteros judiciales, corrillos de prensa hispana. No en redes sociales. No en espacios abiertos. En pasillos. En chats privados. En conversaciones que empiezan con “no digás que fui yo”.

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( DOCUMENTO COMPLETOLlegó a nuestra Sala de Redacción como llegó a otras: sin contexto, sin aval, sin instrucciones. Lo que lo volvió peligroso no fue su tono conspirativo, sino algo peor: contenía detalles verificables. Fechas, lugares, secuencias, nombres mal escritos pero reconocibles. No probaba nada, pero tampoco podía descartarse como delirio.

Ese fue el origen de la Parte 1. No publicarlo como verdad, sino usarlo como disparador. La pregunta nunca fue si era real. La pregunta fue otra: ¿por qué este relato seguía circulando tantos años después?

Intentamos lo obvio y lo imposible. Hablamos con actores del sistema judicial y policial, activos y retirados. Gente del OIJ, del Ministerio de Seguridad, de estructuras que conocieron los años más violentos del país. La reacción fue unánime: evasivas, negativas, advertencias. No hubo desmentidos contundentes. Tampoco confirmaciones. Hubo algo más elocuente: cautela. Miedo a reabrir historias “cerradas” que, según ellos, siguen siendo peligrosas para terceros.

De ese bloqueo nació la Parte 2. No como verificación del documento, sino como intento de entender el clima que lo hacía posible. La entrevista con un exagente judicial no ofreció certezas judiciales ni cronologías limpias. Ofreció algo más perturbador: una lógica. La descripción de una institución herida, traumatizada por un caso que se desbordó —Johnny Monge— y que aprendió a moverse con extrema cautela cuando el riesgo ya no podía procesarse por la vía tradicional.

En ese relato, Tío Conejo dejó de ser un personaje marginal, dejó de ser el vendedor de helados en una bicicleta en las calles de Puerto Limón. Se volvió síntoma. No fue detenido. No fue absuelto. No fue eliminado. Fue vigilado. Administrado. Mantenido visible. No como castigo, sino como contención. No para hacer justicia, sino para evitar otro final que la institución no podía permitirse.

Y aquí empieza esta tercera parte.

Porque la pregunta ya no es si Johnny Monge y Tío Conejo fueron episodios aislados en una provincia húmeda del Caribe centroamericano. La pregunta es si lo que se registra —y lo que deliberadamente no se registra— pertenece a un ecosistema mayor. Una forma histórica de gestionar amenazas cuando el derecho procesal se vuelve insuficiente, peligroso o políticamente costoso.

¿Estamos frente a residuos de viejas doctrinas de Guerra Fría, del Plan Cóndor, de la formación hemisférica impartida en lugares como la Escuela de las Américas, de donde salieron militares y policías que luego encabezaron dictaduras y campañas de exterminio? ¿O es una gramática más reciente, adaptada al mundo post Guerra Fría, donde el discurso de derechos humanos convive —no sin tensión— con prácticas de neutralización silenciosa?

Tal vez no sea una cosa u otra. Tal vez sea una continuidad adaptada.

Por eso ampliamos la lente. Salimos de Limón. Salimos de Costa Rica. Salimos de los nombres propios. Observamos otros escenarios donde los Estados enfrentaron dilemas similares y respondieron con herramientas distintas: eliminación socialmente aceptada, vigilancia indefinida, expulsión administrativa, aislamiento absoluto, intervención total que termina en desastre. No para equiparar escalas. No para justificar violencias. Sino para identificar un patrón. Un repertorio. Una gramática del poder que no siempre se escribe, pero que se aprende, se transmite y se reactiva cuando el sistema siente que no puede fallar otra vez.

31065100671?profile=RESIZE_710xJohnny Monge es el primer quiebre. Su historia no cerró con juicio ejemplar ni con revisión institucional profunda. Cerró con alivio. Su muerte fue aceptada como final necesario. No por claridad jurídica, sino por cansancio. Por miedo. Por hartazgo. Johnny Monge dejó una enseñanza brutal: cuando el riesgo desaparece, la pregunta por el método deja de importar. El proceso se vuelve secundario cuando el peligro sale del mapa. Esa lección no quedó escrita. Pero quedó aprendida.

31052656883?profile=RESIZE_710xTío Conejo es el reverso incómodo. No fue eliminado. Tampoco absuelto. No hubo cadáver ni sentencia ni titular. Hubo vigilancia. Presencia dirigida. Desgaste psicológico. La lógica era la misma: no volver a fallar públicamente. Donde Johnny fue un punto final, Tío Conejo fue una postergación infinita. Administrar el riesgo sin resolverlo. Mantenerlo visible para que no desapareciera. Controlarlo para que nadie decidiera “resolver” por su cuenta. No castigo. No absolución. Contención.

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31065100652?profile=RESIZE_710xLos asaltantes venezolanos introducen otra variante del mismo repertorio. Aquí no hubo vigilancia prolongada ni eliminación. Hubo expulsión. Detenciones, armas, violencia extrema… y luego una decisión administrativa: sacar el problema del territorio. No porque no hubiera delito, sino porque el proceso penal implicaba costos, tiempos y riesgos que el sistema no estaba dispuesto a asumir. El Estado no mató ni vigiló. Desplazó.

31065100068?profile=RESIZE_710xY fuera de Costa Rica, el patrón no se diluye. Se confirma.

Pablo Escobar no es comparable por escala, sino por decisión. El Estado colombiano osciló entre persecución, negociación y contención. Fracasaron. Cuando el proceso dejó de ser viable, la eliminación se volvió aceptable. Su muerte no fue sólo un operativo exitoso: fue la admisión de que el sistema no podía sostener ese riesgo sin romperse.

31065100083?profile=RESIZE_710xAbimael Guzmán es el contraejemplo. El Estado pudo matarlo. No lo hizo. Lo congeló. Cadena perpetua, aislamiento extremo. Vida biológica sin vida política. Cuando no se puede matar ni soltar, se aísla. Cambia el contexto. La lógica persiste.

31065100491?profile=RESIZE_710xWaco Texas es el límite. El intento fallido de vigilar, negociar, contener. El final catastrófico. El recordatorio de que la administración silenciosa del riesgo tiene un umbral. Y que cruzarlo deja cicatrices que ningún informe cierra.

No hay conspiración. Hay aprendizaje institucional.

Doctrinas de seguridad hemisférica privilegiaron durante décadas la neutralización del riesgo sobre el debido proceso. No como manual secreto, sino como marco mental. No dictan órdenes. Habilitan decisiones.

Y así, cuando el proceso es viable, se usa. Cuando no lo es, el Estado elige: cerrar, vigilar, expulsar, aislar… o intervenir hasta romperlo todo. Johnny Monge y Tío Conejo no fueron anomalías caribeñas. Fueron expresiones locales de una gramática más amplia. Lo inquietante no es que exista. Lo inquietante es que se aprende, se adapta y se transmite sin escribirse. Y lo que no se escribe, rara vez se discute.

EPÍLOGO

El documento sigue circulando. Llega a redacciones como la nuestra. Pero conviene decirlo con claridad: Ese documento no es prueba. No es informe. No es expediente. No es orden. No es verdad revelada. Nunca fue el corazón de esta investigación.

Fue un disparador. Un texto torpe, emocional, con errores evidentes, pero cargado de detalles que activaron algo más potente que una verdad: una reacción. Silencios. Cautelas. Temores que no corresponden a un papel, sino a lo que ese papel evocaba.

La Parte 1 no buscó validarlo.
Buscó entender por qué circulaba.

La Parte 2 no buscó confirmarlo.
Buscó reconstruir la lógica que lo hacía verosímil.

La Parte 3 dio el paso definitivo: sacó la mirada del caso local y la colocó dentro de un repertorio histórico más amplio.

Esto es lo que esta Trilogía sí es: Un ejercicio de periodismo analítico sobre cómo el poder administra el riesgo cuando no puede permitirse fallar. Una lectura comparada de respuestas estatales que no nacen de conspiraciones, sino de aprendizajes acumulados. Una exploración de las zonas grises donde el derecho convive con el miedo, el trauma institucional y la presión social por resultados.

Aquí no imputamos delitos. No señalamos culpables. No dictamos sentencias. Nombramos una gramática.

Y dejamos preguntas abiertas: ¿Qué ocurre cuando una sociedad acepta un cierre no porque sea justo, sino porque elimina el miedo? ¿Cuántas decisiones tomadas “para que no pase nada” terminan definiendo más el rumbo institucional que los hechos que sí llegaron a juicio? ¿En qué momento la prevención deja de ser herramienta del derecho y se convierte en sustitución silenciosa del proceso?

Esta trilogía no pretende responderlas. Pretende algo más incómodo: dejarlas formuladas.

Porque lo que no se pregunta, se repite. Y lo que se repite sin escribirse, termina pareciendo inevitable.

Aquí termina este trabajo, no con una verdad, pero sí con una advertencia silenciosa. El resto queda en manos del lector, del tiempo y de lo que las instituciones decidan seguir callando.

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( DOCUMENTO COMPLETO ) REDACCIÓN SANTIAGO CHILE / Parte 2 - Esta entrevista forma parte de la segunda entrega de un trabajo periodístico iniciado en la Parte 1, donde se abordó la circulación de un documento no oficial —sin origen verificable ni validación institucional— que reactivó memorias, silencios y debates enterrados en la historia policial reciente de Costa Rica. No se trata de un archivo desclasificado ni de un expediente auténtico. Nunca lo fue. Su valor no reside en su estatus, sino en el eco que provocó: coincidencias narrativas, patrones repetidos, recuerdos que sobreviven incluso cuando los papeles no existen o desaparecieron.

El documento no se utiliza como prueba ni como registro formal. Funciona, únicamente, como detonante periodístico. Permitió identificar una zona donde el archivo no alcanza: la memoria institucional, ese territorio donde no hay resoluciones judiciales, pero sí versiones persistentes, miedos heredados y decisiones que nunca se escribieron.

La entrevista que sigue no busca confirmar ni desmentir el contenido del documento, ni atribuir responsabilidades a personas concretas. Es un ejercicio de periodismo de contexto. Una conversación con una fuente anónima, con experiencia directa en los hechos abordados, cuyas palabras se presentan como percepciones, no como pruebas. No hay pretensión judicial. Hay relato.

Los nombres ficticios, las referencias genéricas y la omisión deliberada de datos identificables responden a criterios editoriales: protección de fuentes, respeto a la presunción de inocencia y seguridad de terceros. Todo lo descrito debe entenderse como reconstrucción de climas institucionales y lógicas operativas, no como afirmación de hechos comprobados ni como confirmación de operaciones formales o clandestinas.

Este medio asume su deber ético: preservar confidencialidad, no revelar identidades ni métodos, salvo en casos de riesgo grave e inminente. El objetivo es otro: invitar a pensar los límites del poder, la prevención, la memoria y las zonas grises del Estado. No ofrecer verdades cerradas. No clausurar preguntas.

Durante décadas, ciertos episodios quedaron flotando en la memoria policial y social sin expediente completo, sin cierre judicial, sin versión única. No porque no ocurrieran, sino porque ocurrieron en un terreno donde la vigilancia sustituye al arresto, la presión reemplaza a la prueba y el error deja de ser opción.

Esta segunda parte no intenta probar delitos. Intenta reconstruir una pregunta que nunca se fue: ¿qué hace una institución cuando no puede permitirse otro Johnny Monge?

Consultamos a varios actores del sistema judicial y policial. Las respuestas fueron casi idénticas: cautela extrema, negativas secas, advertencias veladas. “Eso todavía quema”. No preguntaban por el enfoque. No querían leer nada. El rechazo no era profesional. Era visceral.

El acceso no llegó por insistencia, sino por respeto al silencio. Dejamos pasar días. Semanas. No volvimos sobre nombres. Entendimos que para algunos episodios no son pasado, aunque hayan ocurrido hace décadas.

Finalmente accedió. Lo llamaremos Ramiro. Exagente del OIJ. Participó en las refriegas del caso Johnny Monge y en el entorno del caso Tío Conejo. No habló de anonimato: lo dio por hecho. No por miedo legal —ya no estaba en funciones— sino porque siguen vivas personas vinculadas a esos hechos.
“No es por lo que diga”, escribió antes del encuentro. “Es por lo que se reactiva cuando se dice”.

El lugar cambió dos veces. Nada de oficinas. Nada de sitios asociados a trabajo. No hubo cámaras ni libretas. Solo un celular grabando. Frases medidas. Silencios largos. Miradas alrededor, no por paranoia, sino por costumbre.

Antes de empezar, una advertencia: dentro de los equipos hubo tensiones reales. Advertencias cruzadas. Miedos explícitos.
“No todos estábamos cómodos”, dijo. “Y no todos reaccionan igual cuando creen que algo se está saliendo de control”.

Habló de llamadas sin registro. De frases dichas “al aire”. Lo suficientemente fuertes para entenderse. Lo suficientemente vagas para no poder atribuirse. De climas internos donde algunos empujaban a una resolución rápida, mientras otros intentaban ganar tiempo.
“A veces la amenaza no venía de afuera”, dijo, sin desarrollar.

Cuando le preguntamos por qué nada de eso llegó a medios, respondió sin dudar:
“Porque no pasó nada visible”.
Y agregó algo peor:
“Y porque había consenso en que era mejor que no pasara”. No habló de órdenes. Habló de ambiente. De una sensación compartida de que remover esas historias no traería estabilidad, sino ruido.

Pidió algo concreto: que no presentáramos esto como operación formal ni como verdad definitiva.
“Porque no lo fue”.
Y dejó una frase que funciona como advertencia editorial: “Hay cosas que no se callan porque sean ilegales, sino porque siguen siendo peligrosas”.

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Con ese marco comienza la entrevista. (Tomada textualmente de: masdiario.es)

— ¿Después de un caso traumático como el de Johnny Monge, bajan los umbrales de tolerancia al riesgo?

— Sí. No se reconoce así oficialmente, pero ocurre. Después de un golpe tan fuerte, la institución se vuelve más reactiva. Se amplía la noción de “riesgo” y se estrecha la de “error aceptable”.

— ¿Se prioriza evitar otro escándalo?

— Más que evitarlo, se intenta que no vuelva a repetirse una situación fuera de control. Nadie quiere ser el siguiente responsable de algo que pudo haberse anticipado.

— ¿Pesaba Johnny Monge como antecedente?

— Claro que pesaba. No como caso puntual, sino como recordatorio constante de lo que pasa cuando algo se desborda.

Sobre la vigilancia visible aplicada al vigilado Tío Conejo, algunas fuentes cercanas al caso señalan que no fue una vigilancia normal, que el OIJ dejaba verse y sus agentes, sus autos frente a los hoteles de pernoctación del sujeto. Entonces, ¿autos del OIJ visibles frente a un hotel es patrullaje rutinario?

— No. El patrullaje rutinario no se fija en un sólo punto ni se repite con la misma lógica. Eso es presencia dirigida.

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— ¿Se buscaba que el vigilado lo notara?

— Sí. En esos casos la visibilidad es parte del mensaje. No se trata de sorprender, sino de disuadir.

— ¿Eso lo decide un agente solo?

— No. Nadie se expone así sin respaldo. Aunque no haya orden escrita, hay conocimiento de mando.

— ¿Es una forma de presión psicológica?

— Puede entenderse así, aunque internamente se racionaliza como prevención.

— La vigilancia no se limitó a un sólo punto. Hay referencias a seguimiento en San José, Siquirres, Guácimo. ¿Eso responde a una lógica distinta?

— Sí. Cuando una persona vigilada a ese nivel se mueve entre regiones, la observación también se desplaza. No para cercar, sino para no perder continuidad. Lo vigilamos en Siquirres, en caminos vecinales de Guácimo, en montaña, Liverpool, Río Blanco, debajo de algunos puentes de San José, edificios abandonados, en sectores cercanos al homicidio de las víctimas de Jhonny, en bananales, hasta sus familiares, algunos de ellos, cooperaron en este trabajo de campo.

— ¿Se buscaba impedir que encontrara “zonas neutras”?

— Exactamente. Que no hubiera lugares donde pudiera sentirse completamente fuera del radar.

— ¿Eso implica coordinación interregional?

— Implica conocimiento compartido. No necesariamente una operación formal, pero sí conciencia común de que se trataba del mismo problema moviéndose de lugar.

— ¿Qué se hace cuando no hay base para detener?

— Se observa. Se monitorea. Se intenta anticipar escenarios. No es ideal, pero ocurre.

— ¿Se gana tiempo?

— Exactamente. Se gana tiempo para que algo no pase, o para que, si pasaba, no tomara por sorpresa.

— En el documento se menciona que el punto de quiebre fue cuando el vigilado se acercó a una jefatura regional poco después de la masacre, vinculándose con una de las víctimas. ¿Ese gesto influyó realmente en cómo se le empezó a ver?

— Sí. Mucho más de lo que se admite. No por el contenido de lo que dijo, sino por el momento en que lo dijo. La institución estaba herida, a la defensiva, con los nervios a flor de piel. Cuando alguien aparece en ese contexto y toca esa historia, deja de ser un sujeto cualquiera. Se convierte en un factor de riesgo, no por lo que hizo, sino por lo que puede reactivar. Desde ahí, todo lo demás se leyó distinto.

— Usted habla de prevención, pero ¿cómo estaba él en ese período?, ¿cuál era el estado mental del vigilado?

— Mal. Muy mal. Había consumo fuerte de cocaína, días sin dormir, episodios de paranoia severa, él presentaba conductas erráticas en espacios públicos sensibles incluidos escuelas, hoteles, restaurantes, y buscábamos evitar este tipo de riesgos.

— ¿Paranoia en qué sentido?

— Se escondía debajo de las camas de los hoteles, convencido de que iban a entrar de noche. A veces desaparecía hacia zonas montañosas cercanas, sin comer, sin avisar. Lloraba. Rezaba. Estaba claramente descompensado.

— ¿Eso complicaba la vigilancia?

— Muchísimo. Porque ya no se trataba sólo de lo que podía hacer, sino de lo que podía hacerse a sí mismo.

— ¿Ese deterioro era solo por las drogas?

— Las drogas lo agravaban, pero la presión constante no ayudaba. Era una espiral.

(silencio breve)

— ¿La vigilancia podía estar empujándolo más al límite?

— Fue una posibilidad que nadie quería formular en voz alta.

— ¿Sobre los expedientes que no se ven, siempre hay un expediente formal?

— No. Muchas veces no hay uno sólo. Hay fragmentos.

— ¿Dónde quedan esos fragmentos?

— En bitácoras, partes internos, registros de patrullaje, anotaciones administrativas. Nada que diga “investigación sobre X”.

— ¿Se usan términos neutros?

— Siempre. “Presencia preventiva”, “ronda”, “verificación”. Lenguaje normalizador.

— ¿Hoy quién podría acceder a eso?

— Muy poca gente. Y sólo sabiendo qué buscar.

— ¿Por qué nunca fue noticia el caso Tío Conejo?

— Porque no hubo evento. La prensa cubre hechos, no prevenciones silenciosas.

— ¿Influye que sea difícil de explicar públicamente?

— Mucho. No hay forma sencilla de justificar vigilancia sin cargos sin abrir preguntas incómodas.

— ¿El riesgo era sólo que él hiciera algo?

— No. También existía el riesgo inverso.

— ¿A qué se refiere?

— A que alguien decidiera adelantarse. A que se impusiera una lógica de “esto hay que resolverlo”.

— ¿La vigilancia servía para contener eso?

— Sí. Saber dónde está alguien también es una forma de protegerlo de terceros.

— Usted ha dicho que vigilar a Tío Conejo fue una forma de contención, incluso de protección. Pero dígame algo que nunca se escribe en los informes: ¿qué fue lo que la institución temía más en ese momento, lo que él pudiera hacer, o lo que alguien dentro pudiera terminar haciéndole a él?

— (pausa larga)

— En ese momento, lo segundo. Cuando una institución viene de un golpe así, el riesgo no siempre está afuera. Hay rabias acumuladas, cansancio, miedo a repetir el error. Y cuando aparece alguien que no encaja, que incomoda, que toca una herida reciente, el peligro es que alguien decida “resolver” para cerrar el capítulo. La vigilancia también era para que eso no pasara. Para que nadie cruzara una línea de la que después no habría vuelta atrás.

— ¿Qué es peor para una institución: un enfrentamiento o una desaparición?

— Una desaparición. Porque no hay relato, no hay control, no hay cierre.

— ¿Mantenerlo visible evitaba eso?

— Exactamente. Mientras estaba a la vista, el caso sigue en el mundo observable.

— ¿Por qué nadie habló después?

— Porque no había un relato limpio que contar. Y porque removerlo no aportaba estabilidad.

— ¿El silencio siempre significa que no pasó nada?

— No. A veces significa que pasó algo que no conviene reinterpretar.

— ¿Qué pesa más con los años?

— La paz institucional.

— Si todo esto no fue una operación formal, sino una suma de decisiones pequeñas, silenciosas y aparentemente razonables…
¿en qué momento una institución deja de saber exactamente qué está haciendo?

— Cuando deja de escribirlo. Mientras algo no queda en papel, se siente reversible. Se cree que siempre se puede volver atrás, aunque en la práctica ya no se sepa dónde empezó.

— Y cuando el vigilado empieza a quebrarse, a perder estabilidad, a desdibujarse como amenaza y como persona… ¿ahí termina la prevención o empieza otra cosa?

— Ahí es donde nadie quiere ponerle nombre.

— ¿Cuáles eran los objetivos de tanta vigilancia y contención a un simple vendedor de helados?

— En ese momento, vigilar a Tío Conejo no se entendía como una medida punitiva, sino como una forma de evitar que todo terminara peor. No porque fuera un criminal probado, ni porque existiera un expediente que lo justificara, sino porque se percibía que estaba entrando —o podía entrar en cualquier momento— en una espiral peligrosa. El consumo de drogas no era un juicio moral, era un factor operativo: alteración del juicio, paranoia, impulsividad, decisiones erráticas. La combinación perfecta para que una situación menor se transformara en un hecho irreversible. El temor no era sólo que cometiera un acto violento, sino que forzara una reacción que acabara con él muerto, sin proceso, sin verdad, sin posibilidad de explicación.

— ¿Por qué aseguras que la situación con este sujeto era tan seria?

— Después de Johnny Monge, nadie quería otro final así. No otro cuerpo, no otro cierre rápido, no otra historia que el país aceptara con alivio y silencio. Mantener a Tío Conejo bajo observación era, paradójicamente, una manera de mantenerlo con vida. De evitar que se convirtiera en “otro Jhonny”, en otro nombre que se cerrara sin preguntas porque resultaba más cómodo no hacerlas.

— ¿Qué otros riesgos había en ese escenario?

— El riesgo no venía sólo de él hacia afuera. También venía hacia él. En un clima institucional cargado, con heridas abiertas y presión acumulada, empezaron a circular discursos peligrosos en el grupo. No órdenes, no planes formales, sino algo más difuso y más inquietante: la idea de que había problemas que no podían seguir existiendo. Que ciertas personas eran, en sí mismas, una amenaza latente. Que bastaba con un paso en falso para justificar cruzar esa línea de no retorno y acabar con el problema. Algunos no hablaban de vigilancia; hablaban de “resolver”. Y resolver, en ese lenguaje, no significaba investigar.

— ¿Entonces era una operación en ambas direcciones?

— Así es. La observación constante funcionaba entonces como una forma de contención doble: hacia afuera, para anticipar una posible escalada; y hacia adentro, para evitar que alguien cruzara una línea de la que no habría retorno. Saber dónde estaba, con quién se reunía, quién se le acercaba, no sólo permitía controlar la situación, sino impedir que otros decidieran adelantarse. Que la justicia por mano propia —envuelta en rabia, miedo o cansancio— se impusiera al proceso, aunque el proceso fuera incómodo, lento o insuficiente.

— ¿Puedes describir ese escenario de manera más amplia?

— Había un escenario en el que se temía más que cualquier enfrentamiento: la desaparición. Que Tío Conejo simplemente dejara de estar. Que apareciera muerto sin contexto, o que nunca apareciera. Eso habría abierto un agujero imposible de cerrar, alimentado rumores durante décadas y convertido el caso en una leyenda tóxica para la institución. Vigilar era, en ese sentido, una manera de mantener el relato en el plano observable, de evitar que se perdiera en la oscuridad donde ya no hay control ni explicación posible.

No había buenas opciones. No había cargos sólidos, no había flagrancia, no había base jurídica clara para detener. Pero sí había una sensación persistente de riesgo, de amenaza difusa, de historia que podía repetirse. En ese margen estrecho, la vigilancia apareció como el mal menor. No como solución, sino como aplazamiento. No como justicia, sino como intento desesperado de que nada explotara.

— ¿Entonces qué es lo que se buscaba?

— En ese contexto, lo que se buscaba evitar no era sólo un delito. Era otro final sin juicio. Otra muerte aceptada en silencio. Otro error que la institución no podía permitirse.

No hubo más preguntas. No porque ya no hicieran falta, sino porque algunas respuestas funcionan mejor en silencio.

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Lo que deja esta conversación no es una confesión ni una prueba, sino algo más inquietante: la confirmación de que existen decisiones que nunca entran en los expedientes, pero que pesan durante décadas en la conciencia institucional. No porque hayan sido ilegales, sino porque fueron necesarias en un momento en que el sistema sentía que no podía volver a fallar. La vigilancia sobre Tío Conejo no fue una operación, fue un reflejo. Un síntoma de una institución herida, caminando sobre la cuerda floja entre la prevención y el exceso, entre el control y el miedo a repetir su peor pesadilla.

Johnny Monge aparece aquí no como un caso cerrado, sino como un fantasma operativo: el recordatorio permanente de lo que ocurre cuando el Estado pierde el control de la escena. Tío Conejo, en cambio, encarna el reverso: el sujeto al que no se podía matar, pero tampoco dejar libre. Entre ambos se despliega una lógica que rara vez se escribe, pero que muchos reconocen cuando se les pregunta en voz baja.

Esta historia no termina en Costa Rica. Lo que aquí se narra —vigilancias informales, contenciones sin expediente, zonas grises activadas por trauma institucional— no es una anomalía local. Es una práctica que aparece, con distintos nombres y disfraces, en sistemas de seguridad de todo el mundo cuando el margen de error se reduce a cero.

En la tercera parte, la mirada se amplía. Salimos del mapa nacional para rastrear otros casos, otros países, otras instituciones que enfrentaron dilemas similares: qué hace el poder cuando no puede detener ni matar, cuando solo le queda observar. Porque entender a Tío Conejo no es solo entender a Costa Rica, es asomarse a una lógica global donde el control ya no siempre se ejerce con esposas, sino con presencia.

Y ahí empieza otra historia.
La de los Estados que aprendieron a vigilar sin expediente.
La de los silencios que cruzan fronteras.
La de las operaciones que nadie firma, pero demasiados conocen.

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( DOCUMENTO COMPLETO ) REDACCIÓN SANTIAGO CHILE - Parte 1 / Desde hace varios meses circula en corrillos de prensa, en la comunidad de inteligencia y entre policías de la vieja escuela, un archivo que señala al Poder Judicial de Costa Rica como presunto articulador de operaciones clandestinas durante los años más violentos del país. El documento ha sido presentado en algunos espacios como si se tratara de un informe desclasificado. No lo es.

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PARTE 1 / Se trata de un texto de circulación privada, sin sello institucional ni origen verificable, cuya fuerza no radica en su estatus formal, sino en su contenido. Y es precisamente ese contenido —más que su procedencia— el que ha despertado preguntas, incomodidades y debates soterrados dentro y fuera del aparato de seguridad. En esta publicación lo reproducimos con un disclaimer explícito y con los resguardos editoriales correspondientes. El documento fue revisado por nuestra Sala de Redacción: una parte significativa de la información que contiene es verificable y corresponde a hechos históricos documentados; otra parte no puede ser confirmada, precisamente por su naturaleza de supuesta operación negra, diseñada para no dejar rastro.

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El final que nunca se discutió

Johnny Monge murió el 13 de noviembre de 1991. La versión oficial habló de suicidio. Un disparo. Caso cerrado.
La opinión pública aceptó el desenlace sin demasiadas preguntas. No hubo marchas, ni reclamos persistentes, ni campañas exigiendo explicaciones. La razón fue tan simple como brutal: Johnny Monge era percibido como un peligro real. Había liderado una ola de asesinatos, había burlado a las autoridades, había sembrado terror. Para buena parte del país, su muerte —fuera cual fuera la causa— representó alivio.

Décadas después, esa aceptación sigue siendo un hecho incómodo.

Fuera de cámara, expolicías que participaron directa o indirectamente en aquellos días repiten una frase que se ha transmitido como leyenda interna: “A Johnny Monge no lo podían dejar vivo”. No lo dicen como confesión ni como denuncia, sino como una constatación pragmática, casi clínica. No hablan de órdenes escritas ni de planes formales. Hablan de clima. De tensión. De miedo. De una institución golpeada que acababa de perder agentes y operaba bajo presión social extrema.

La versión de que Johnny Monge fue suicidado —no suicida— nunca fue confirmada, pero tampoco desapareció. Ha circulado durante años en pasillos, retiros y conversaciones privadas entre quienes saben más de lo que se publicó. No como certeza, sino como ruido persistente. Como un eco que no logra silenciarse del todo. Y aquí está el punto clave: las leyendas no sobreviven por casualidad. Sobreviven porque algo quedó mal cerrado.

Este texto no afirma que Johnny Monge haya sido ejecutado. Afirma algo distinto, quizá más inquietante: que la sociedad costarricense estuvo dispuesta a aceptar que lo fuera. Y esa disposición colectiva dice tanto sobre el criminal como sobre el Estado que lo persiguió.

Con su muerte, el expediente se cerró. Pero no todo terminó ahí.

El OIJ quedó con dos agentes asesinados, una provincia traumatizada y una herida institucional difícil de procesar. El cierre judicial no fue sinónimo de cierre emocional. Y cuando eso ocurre, las instituciones —como las personas— buscan válvulas de escape. Es en ese contexto donde aparece una figura marginal, secundaria, incómoda. No un asesino probado. No un objetivo formal. No un actor central del caso Monge. Alguien que no encajaba del todo, pero tampoco desaparecía del radar. Un nombre que no estaba en los expedientes, pero sí en las conversaciones. Un sujeto que, para algunos, sabía demasiado; para otros, no sabía nada, pero estaba demasiado cerca.

Tío Conejo no fue parte del caso Monge. Es importante repetirlo.
No era sospechoso, ni cómplice, ni testigo formal. Sin embargo, terminó orbitando el relato. No por lo que hizo, sino por lo que representaba: una pieza suelta en un tablero emocionalmente dañado.

El documento que circula —y que esta investigación presentó con todas las advertencias necesarias— no pretende ser un expediente real. No lo necesita. Su valor no está en probar hechos, sino en exponer una lógica que muchos reconocen, aunque pocos admitan públicamente. La pregunta central no es si existió una “Operación Tío Conejo” con ese nombre o ese formato. La pregunta real es otra: ¿existieron —y existen— prácticas de vigilancia, presión psicológica y contención informal fuera de los marcos documentales tradicionales?

Fuera de cámara, la respuesta es casi unánime: sí. No sólo en Costa Rica. No sólo en los años noventa.

En contextos específicos —alta violencia, presión social, instituciones heridas, ausencia de pruebas suficientes, sospechosos inestables pero potencialmente peligrosos— los Estados han recurrido históricamente a zonas grises. No para juzgar, sino para observar. No para detener, sino para desgastar. No para castigar legalmente, sino para neutralizar riesgos percibidos. Estas prácticas no dejan expediente. No tienen actas de inicio ni de cierre. No generan órdenes firmadas. Pero dejan huellas.

Aquí es donde el caso trasciende a Johnny Monge y a Tío Conejo. Porque incluso si el documento fuera sólo una reconstrucción teórica, plantea un dilema que sigue vigente: ¿qué ocurre cuando una institución confunde prevención con castigo? ¿Quién decide cuándo alguien es demasiado peligroso para ser dejado en paz, pero demasiado débil para ser detenido? ¿Qué controles existen cuando la vigilancia se justifica como “protección”? ¿Qué sucede cuando el dolor institucional se convierte en criterio operativo?

¿Quién responde si esas prácticas se normalizan y se heredan? ¿Y si parte de ese ADN quedó incrustado en capas profundas del aparato policial costarricense, transmitido más por cultura que por reglamento? 

Estas no son preguntas sobre el pasado. Son preguntas sobre continuidad.

Johnny Monge murió y el país siguió adelante.
Tío Conejo sobrevivió y se desvaneció del relato oficial.
Uno fue considerado demasiado peligroso para vivir.
El otro, demasiado irrelevante para importar.

Entre ambos queda un espacio incómodo: el de las decisiones que no se escriben, el de las operaciones que no existen en papel, el de las verdades que nadie confirma, pero que demasiada gente reconoce. Este trabajo no afirma culpabilidades. No señala responsables. No presenta pruebas judiciales. Hace algo distinto: expone una lógica. Y deja una pregunta final que no busca respuesta inmediata, sino memoria: Si estas prácticas existieron, si fueron toleradas, si se justificaron en nombre del orden… ¿estamos seguros de que no dejaron herencia?

A veces, lo más inquietante no es lo que ocurrió, sino lo que pudo ocurrir y fue aceptado en silencio.

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31064911252?profile=RESIZE_710xEl 17 de diciembre el despacho del juez Carlos Serrano quedó en silencio. No fue una ausencia habitual ni una licencia administrativa: aquel día, uno de los catorce magistrados de la Unidad de Lucha contra la Corrupción y el Crimen Organizado abandonó definitivamente el edificio judicial del norte de Quito donde había trabajado durante tres años. Con apenas 34 años, Serrano era el juez más joven del grupo creado en 2022, cuando el país comenzaba a hundirse en una espiral de violencia criminal. Mientras Ecuador se preparaba para las fiestas de fin de año, él ya había salido al exilio. Antes de irse dejó su tercer oficio dirigido al Consejo de la Judicatura, en el que advertía que continuar sin protección policial ponía su vida en riesgo. No exageraba. En noviembre de 2025, semanas antes de una audiencia clave contra el serbio Jezdimir Srdan, acusado de lavado de activos, un vehículo cargado con dinamita y cilindros de gas explotó frente al complejo judicial donde Serrano trabajaba. A pesar del atentado, siguió cumpliendo funciones con apenas dos policías como escolta, sin chaleco antibalas ni vehículo blindado. La protección estatal para jueces que enfrentan al crimen organizado era mínima: muchos, como él, se desplazaban en transporte público o en taxi, tal como denunciaron en una carta colectiva al Consejo de la Judicatura.

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La presión no terminó ahí. La misma semana del atentado, Serrano recibió una llamada del director provincial del Consejo de la Judicatura en Pichincha, quien le instó a dictar una sentencia favorable a Srdan. El juez grabó la conversación. Hoy ese audio forma parte de una investigación reservada en la Fiscalía que deberá determinar si existieron presiones indebidas y conflictos de interés, especialmente porque la esposa del presidente del Consejo, Mario Godoy, había integrado el equipo de defensa del acusado. El momento más tenso llegó el 21 de noviembre. Durante una audiencia virtual, Srdan, recluido en la cárcel de Santa Elena, pasó el dedo índice por el cuello frente a la cámara, una amenaza inequívoca de muerte. Serrano notificó de inmediato a las autoridades y pidió refuerzo de seguridad. Diez días después, lejos de protegerlo, el Ministerio del Interior retiró por completo su custodia.

La decisión se produjo en medio de un escenario extremo: Ecuador cerró 2025 con 9.300 homicidios intencionales, una tasa de 50 por cada 100.000 habitantes, y la justicia se convirtió en un objetivo más del crimen organizado. Al menos 16 atentados golpearon al sistema judicial con coches bomba, amenazas directas y ataques armados. Hubo muertos, entre ellos una jueza y el secretario de un fiscal. Serrano comprendió entonces que el Estado no lo iba a proteger. Se marchó.

Su historia no es aislada. Samantha Lozada, exdirectora del Consejo de la Judicatura en la provincia amazónica de Orellana, también logró salir del país tras sobrevivir a un atentado en el que su padre resultó herido. Apenas llevaba una semana en el cargo cuando comenzaron las amenazas. Todo empezó al detectar que los casos de tráfico de combustible ni siquiera llegaban a audiencia, porque la unidad policial encargada de las pericias no acudía a tiempo y los detenidos quedaban libres al día siguiente. Lozada intentó coordinar soluciones con las autoridades locales, pero cada conversación parecía filtrarse de inmediato a Los Choneros, la banda criminal que domina la zona. El mensaje fue directo: su muerte tenía fecha y hora. Fue evacuada de emergencia a Quito, donde contó con cinco custodios armados, aunque debía moverse en taxi por falta de un vehículo blindado, pese a que el protocolo lo exigía. Denunció ante la Judicatura la corrupción de jueces en la Amazonía y entregó un informe al presidente del organismo, Mario Godoy. Según su testimonio, no obtuvo respuesta.

Regresó a Orellana el 22 de octubre de 2025. Aprovechando que su único custodio no estaba con ella, sicarios la interceptaron en un semáforo mientras viajaba con su padre. Dos hombres en motocicleta se detuvieron junto al vehículo. El que iba atrás apuntó directamente a su cabeza. El arma falló al primer intento. Disparó varias veces más mientras su padre maniobraba desesperadamente para esquivar las balas. Lozada denunció el atentado, pero no recibió protección adicional. Human Rights Watch y la Unión Europea gestionaron finalmente su salida del país.

Ambos casos apuntan al mismo epicentro: la presidencia del Consejo de la Judicatura, encabezada por Mario Godoy. Su gestión arrastra denuncias de irregularidades y posibles conflictos de interés, entre ellas las presiones denunciadas por Serrano. En la Asamblea Nacional avanza un juicio político en su contra, impulsado por el movimiento Revolución Ciudadana, aunque enfrenta resistencias. La candidatura de Godoy contó con respaldo del Gobierno y su llegada al cargo estuvo rodeada de sospechas de interferencia política.

La crisis se profundizó el 13 de enero, cuando José Suing, presidente de la Corte Nacional de Justicia y principal impulsor de Godoy, renunció tras perder el apoyo de sus colegas. Días antes de que el juicio político tomara forma, el presidente Daniel Noboa, de vacaciones, sugirió en la red social X que Godoy dimitiera. Godoy no lo hizo. En su comparecencia ante la Asamblea evitó responder a las acusaciones, leyó un discurso y se retiró sin dar explicaciones.

Hoy, la justicia ecuatoriana atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Los tentáculos del narcotráfico han penetrado instituciones clave y el poder de las mafias impone el silencio sobre quienes intentan aplicar la ley. En este contexto, impartir justicia ya no es solo un deber constitucional: se ha convertido en una actividad de alto riesgo, donde una sentencia puede costar la vida.

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