Dos representantes de los intereses de la banca, de los grandes empresarios y el capital extranjero disputarán la presidencia, por lo tanto, nada bueno puede esperar el pueblo de cualquiera de los dos que gane la presidencia. Se ha cumplido la primera etapa de las elecciones presidenciales, proceso calificado como inédito por las circunstancias en las que fue convocado (muerte cruzada) y los sucesos producidos en el curso del mismo, como los asesinatos del alcalde de Manta y del postulante a la presidencia Fernando Villavicencio, que tuvieron hondas repercusiones políticas; inédito es también cómo variaron las preferencias políticas de los electores en los últimos días —y quizá horas—, al punto que candidatos que se encontraban
entre los favoritos fueron desplazados, ocupando esos espacios candidaturas que hasta antes del asesinato de Villavicencio nunca fueron vistas entre las opcionadas para triunfar. Pero así se mueve la política, hay circunstancias o sucesos que remecen todo, y si no se tiene la fuerza y la capacidad para sostenerse, se es víctima de esas mismas contingencias.
Las votaciones del domingo 20 han dejado dos finalistas: Luisa González y Daniel Noboa; la opcion electoral de los trabajadores y el pueblo, Yaku Pérez, listas 2, 17, 20, ha quedado fuera. Se repite en el país un escenario en el que dos representantes de los intereses de la banca, de los grandes empresarios y el capital extranjero disputarán la presidencia, por lo tanto, nada bueno puede esperar el pueblo de cualquiera de los dos que gane la presidencia. Sin opción popular, lo correcto es anular el voto, como una forma de expresar el rechazo a dos candidaturas que, con diferentes discursos y estilos, responden a los intereses de la misma clase burguesa.
El país vivió una década de gobiernos correístas, período en el que se incubó la violencia delincuencial que ahora tiene atrapado al Ecuador, década caracterizada por el atraco descarado a los fondos públicos, años en los que se establecieron las leyes que tienen a cientos de miles de jóvenes fuera de las universidades. El correísmo es responsable del desfalco de los fondos del IESS, durante sus gobiernos miles de trabajadores fueron echados a la calle bajo la figura de la «renuncia obligatoria» y el movimiento popular fue víctima de la brutal represión cuando levantó su voz de protesta. Eso ofrecen repetir ahora.
Daniel Noboa, hijo del magnate Álvaro Noboa, tiene bajo el brazo una propuesta política y económica que, en esencia, es la continuación de la política ejecutada por el gobierno actual. Basta decir que su programa, en el tema relacionado con la seguridad social, coincide con la propuesta elaborada por el actual gobierno: elevación de los años de trabajo, elevación del monto de aportación mensual, privatización de sus servicios. Las empresas del grupo Noboa encabezan la lista de los morosos del Estado, de quienes obtienen millonarias ganancias explotando a los trabajadores y no pagan impuestos, esperando beneficiarse de moratorias que perdonan sus deudas, como ocurrió en los gobiernos de Correa y Moreno.