PRENSAMERICA ECUADOR.-“Yo me despierto con hambre, paso la tarde con hambre y me acuesto con hambre”, dijo ante el juez, describiendo una rutina que, según él, se repite todos los días dentro de la cárcel de máxima seguridad en Santa Elena.
“Con un vasito de máchica pequeño no me van a calmar el hambre”, afirmó, dejando en evidencia lo que considera una insuficiencia básica en su dieta.
Expuso su cuerpo como prueba “la muestra de que mi hambre es real son 30 libras menos de peso… aquí están mis huesos, aquí están mis costillas, las puede contar todas como una guitarra”. Un relato crudo que apunta a un deterioro físico evidente.
Según detalló, ha bajado de su peso habitual de entre 180 y 185 libras a menos de 155, algo que asegura nunca había ocurrido en su vida.
Pese a estas declaraciones, el juez negó el habeas corpus al considerar que no se ha demostrado vulneración de derechos fundamentales.
Desde el otro lado, las autoridades sostienen una versión completamente distinta. El SNAI y el Ministerio de Salud aseguran que Glas recibe alimentación diferenciada, suplementos nutricionales y atención médica dentro del centro penitenciario.
El caso vuelve a dividir al país entre una denuncia que golpea por su crudeza y una versión oficial que la contradice de frente.
Pero más allá del pulso político, queda una pregunta incómoda flotando en el aire qué está pasando realmente dentro de esa celda.
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