PRENSAMÉRICA ECUADOR.- Amenazan a la abogada del caso Mónika Silva a horas de una autopsia clave, mientras los gobiernos pasan y la impunidad queda intacta. ¿Quién tiene tanto poder en el Ecuador para amedrentar, perseguir y sellar los labios de quienes exigen justicia? ¿Quiénes son esos poderes invisibles detrás del teléfono que intentan apagar las voces que incomodan al poder?
La respuesta es tan cruda como la realidad que vivimos: en este país, denunciar se ha convertido en una sentencia de muerte o de exilio. El caso de la activista Mónika Silva ha tomado un giro escalofriante a sólo unas horas de que se realice una segunda e implacable autopsia. La abogada de la familia, Raquel Navarro, rompió el silencio para denunciar que está siendo víctima de llamadas amenazantes. El mensaje de las mafias es directo y sin rodeos: “Cállate o atente a las consecuencias”.
La herencia del desgobierno: De Moreno a Noboa
Este escenario de terror no nació ayer. Es el resultado de un Estado fallido que lleva años dándole la espalda a su gente. Desde el Gobierno de Lenín Moreno, pasando por el fracaso de Guillermo Lasso, hasta llegar a la gestión actual de Daniel Noboa, el desinterés por el bienestar del país ha sido absoluto. Cambian los rostros en el palacio presidencial, pero la indolencia sigue siendo la misma.
Mientras las autoridades miran para otro lado, los nombres de los poderosos que fueron denunciados en vida por Mónika Silva siguen intactos en los expedientes de la Fiscalía. Carpetas llenas de polvo que nadie se atreve a tocar. La estrategia es macabra pero evidente: congelar las investigaciones, intimidar a los abogados y sepultar la verdad. La consigna de los de arriba es callar a todos. A las malas.
“Las llamadas buscan impedir que continúe pronunciándose sobre el proceso”, reveló Navarro, dejando en claro que las amenazas apuntan directo a su seguridad personal en el momento más crítico de la investigación.
El mundo vigila: La última batalla por la verdad
A pesar del miedo y de un sistema judicial que parece cómplice por omisión, la defensa no se va a arrodillar. La jurista confirmó que mantendrá reuniones de alto nivel con una delegación oficial que ha llegado desde Polonia. Sí, tiene que venir una comitiva internacional para que las cosas se muevan, porque en Ecuador la justicia local sufre de una ceguera selectiva.
La familia de Mónika Silva espera con el corazón en la mano que esta nueva pericia forense arroje luz sobre las verdaderas y oscuras circunstancias de su muerte. Lo que está en juego en las próximas horas no es sólo un expediente más; es la dignidad de un país que se resiste a ser gobernado por el miedo. Las denuncias de Navarro no solo deben encender las alarmas de la Fiscalía, sino movilizar a una ciudadanía que ya está harta de que la impunidad sea la que dicte las leyes.