PRENSAMERICA ECUADOR.- La imagen de Noboa se resquebraja porque, en el ejercicio de su gestión, el pueblo ha podido constatar —y sentir en carne propia— su carácter antipopular, oligárquico y subordinado a los intereses del imperialismo estadounidense.
Las cosas no van bien para Daniel Noboa y su gobierno. No marchan bien en términos de imagen, de cumplimiento de sus ofertas electorales ni de solución a los graves problemas que enfrenta el país, entre otros aspectos. Los últimos sondeos de opinión coinciden en sus resultados: la calificación positiva y la confianza en el gobierno disminuyen y, en contraste, la valoración negativa crece. En febrero, esta última llegó al 60%, mientras que la desconfianza se situó en el 63%. No se trata de una situación momentánea o circunstancial, sino de una tendencia que se viene manifestando desde hace varios meses.
La imagen de Noboa se resquebraja porque, en el ejercicio de su gestión, el pueblo ha podido constatar —y sentir en carne propia— su carácter antipopular, oligárquico y subordinado a los intereses del imperialismo estadounidense.
No hay que olvidar que el electorado que lo llevó a la Presidencia no era completamente sólido a su favor; una parte —y no pequeña— votó por él para cerrar el paso al correísmo, y no porque se sintiera plenamente identificada con ADN. Cuando Noboa llegó a Carondelet, un importante número de ecuatorianos experimentaba más expectativa que respaldo. Esa expectativa, sin embargo, se ha visto frustrada, y un fenómeno similar empieza a producirse incluso entre quienes creyeron que Noboa representaba una verdadera alternativa. Lamentablemente, muchas veces la gente debe chocar con la realidad para despertar.
Si el pueblo observa que los graves problemas del país y las dificultades en sus condiciones materiales de vida no solo no se resuelven, sino que se agravan, es natural que le dé la espalda al gobierno. La demagogia y la propaganda millonaria pueden surtir efecto durante un tiempo, pero no logran ocultar indefinidamente lo que está ocurriendo.
Noboa, Reimberg y Loffredo hablan a diario de «éxitos» en el combate a la delincuencia; sin embargo, Ecuador continúa escalando posiciones entre los países con mayores índices de violencia en el mundo. La vicepresidenta María José Pinto puede anunciar planes para el sector salud, pero el hecho concreto es que este se deteriora cada día más. ¡Los enfermos mueren en las puertas de los hospitales!
Tenemos un gobierno que no impulsa obra pública y que, además, se propone quitar cerca de mil millones de dólares a los gobiernos seccionales. ¿La razón? Cumplir con las exigencias del Fondo Monetario Internacional y garantizar recursos para el pago de la deuda con ese organismo internacional.
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